¿Alguna vez sentiste que "no sirves para nada" en el Club? ¿Que siempre hay alguien que canta mejor, lidera mejor o habla mejor que tú? Esa sensación es común. Y la Biblia tiene una respuesta directa para ella.
Dios le dio a cada persona al menos un don espiritual. No es premio para quien es más santo. Es una herramienta para servir. Como dice 1 Pedro 4:10: "Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas" (NVI).
En esta guía vas a entender la diferencia entre don y fruto, conocer los dones que la Biblia enumera y usar un método simple de tres preguntas para descubrir el tuyo. Y, sobre todo, vas a ver dónde poner ese don para que funcione dentro del Club y de la iglesia.
Don y fruto: ¿cuál es la diferencia?
Mucha gente confunde las dos cosas, pero la Biblia las separa bien. El don es una capacidad que el Espíritu Santo te da para servir a los demás: enseñar, liderar, cuidar, ayudar. El fruto es el carácter que Él forma dentro de ti a lo largo del tiempo. Gálatas 5:22-23 enumera el fruto: "amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio" (NVI).
Fíjate en la diferencia. El don viene en plural: cada persona recibe dones diferentes. El fruto viene en singular: es un fruto con varias cualidades, y todo cristiano está llamado a tenerlas todas. Nadie puede decir "mi don es la paciencia" o "mi don es el amor". Eso es fruto, y es para todos.
¿Por qué importa esto en el Club? Porque hay gente muy talentosa y sin carácter. Un Conquistador puede tener el don de liderazgo y usarlo para humillar a los más pequeños. Puede tener el don de hablar y usarlo para el chisme. El don sin el fruto se vuelve arma. Por eso Dios quiere los dos: el don para que sirvas, y el fruto para que sirvas de la manera correcta.
Piénsalo así: el don es la herramienta en tu mano; el fruto es la persona que sostiene la herramienta. Un cuchillo sirve para cocinar o para herir. La diferencia es quién lo usa. Dios da el don, pero pasa la vida entera trabajando tu carácter.
Los dones que la Biblia enumera en 1 Corintios 12
Pablo escribió a la iglesia de Corinto porque las personas peleaban sobre quién tenía el don más importante. Su respuesta fue clara: los dones son muchos, pero el Espíritu es uno solo, y es Él quien reparte "a cada uno según él lo determina" (1 Corintios 12:11, NVI). Tú no eliges tu don en un menú. Te es dado.
En 1 Corintios 12:8-10, Pablo enumera nueve manifestaciones del Espíritu: "palabra de sabiduría... palabra de conocimiento... fe... dones para sanar enfermos... poderes milagrosos... profecía... discernimiento de espíritus... diversas lenguas... interpretación de lenguas" (NVI). Son dones ligados al poder de Dios actuando por medio de la iglesia.
No te asustes con la palabra "milagros" o "lenguas". Eso no quiere decir que necesites hacer cosas espectaculares para servir a Dios. La mayoría de los dones aparece en lo simple del día a día: alguien que siempre tiene una palabra correcta en el momento correcto (sabiduría), alguien que cree cuando todos se desaniman (fe), alguien que percibe cuando algo está mal en un grupo (discernimiento).
Mira un resumen de los dones de ese capítulo:
| Don | Qué es, en la práctica |
|---|---|
| Sabiduría | Saber aplicar la verdad de Dios en la situación real |
| Conocimiento | Entender y explicar bien las Escrituras |
| Fe | Confiar en Dios y animar a otros a confiar |
| Sanidad | Ser usado por Dios para restaurar a quien sufre |
| Milagros | Ver a Dios actuar de forma extraordinaria |
| Profecía | Hablar el mensaje de Dios para edificar |
| Discernimiento | Distinguir lo que viene de Dios de lo que no |
| Lenguas / interpretación | Comunicar en otros idiomas para el bien de la iglesia |
Más dones: Romanos 12 y Efesios 4
La lista de 1 Corintios no es la única. Pablo escribió otra en Romanos 12:6-8: "Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe; si es el de servir, que sirva; si es el de enseñar, que enseñe; si es el de animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría" (NVI).
Fíjate cómo estos dones son más "de tierra". Servir, enseñar, animar, contribuir, dirigir, mostrar compasión. Son dones que reconoces en tu Unidad ahora mismo. El Conquistador que siempre arma la carpa de los demás tiene el don de servir. El que anima al grupo cansado en una caminata tiene el don de animar. El que cuida del amigo que se lastimó tiene el don de la compasión.
En Efesios 4:11 hay una tercera lista, ligada al liderazgo de la iglesia: "Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros" (NVI). El texto sigue explicando el motivo: preparar a los cristianos para el servicio y edificar la iglesia. Es decir, el líder no existe para brillar, sino para equipar a los demás.
Junta las tres listas y percibes algo: los dones son variados a propósito. Dios no hizo una iglesia de clones. Hizo un equipo. Y en un buen equipo, nadie juega en todas las posiciones. Si quieres entender mejor cómo conversar con Dios sobre esto, vale la pena mirar el paso a paso en cómo orar.
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La imagen más fuerte que la Biblia usa para los dones es la del cuerpo humano. En 1 Corintios 12:12, Pablo dice: "aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo" (NVI). El cuerpo tiene ojo, mano, pie, oído. Cada parte es diferente, y es justamente por eso que el cuerpo funciona.
Ahí viene la parte que habla directo a quien se siente inútil. Pablo imagina un pie reclamando: "Como no soy mano, no soy del cuerpo". Y responde: "no por eso deja de ser parte del cuerpo" (v.15-16, NVI). Traduciendo al Club: si no cantas como fulano ni lideras como mengano, eso no te saca del equipo. Tienes otra función, y hace falta.
Pablo va más lejos. Dice que "los miembros del cuerpo que parecen más débiles son los más indispensables" (v.22, NVI). Piensa en el corazón o en el hígado: nadie los aplaude, nadie los ve, pero si se detienen, el cuerpo muere. En el Club hay mucho "órgano interno": el Conquistador que reza por los demás, el que organiza los materiales, el que se queda al lado del compañero tímido. Nadie los filma, pero sin ellos la Unidad enferma.
Y existe un cuidado mutuo: "Si uno de los miembros sufre, los demás comparten su sufrimiento; y si uno de ellos recibe honor, los demás se alegran con él" (v.26, NVI). En un cuerpo sano, nadie compite. Cuando el don del otro brilla, tú celebras, porque es el mismo cuerpo ganando. La comparación y la envidia son enfermedades del cuerpo. El don del otro nunca es amenaza al tuyo.
El don de profecía en la visión adventista
Habrás notado que la profecía aparece en las tres listas de dones. Para los adventistas del séptimo día, ese don tiene un lugar especial, y vale la pena explicarlo con claridad y respeto, seas adventista o no.
El punto de partida es la Biblia. Apocalipsis 12:17 habla de un pueblo fiel al final de los tiempos, los que "obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles al testimonio de Jesús" (NVI). Y Apocalipsis 19:10 liga ese testimonio a la profecía: "el testimonio de Jesús es el espíritu que inspira la profecía" (NVI). Los adventistas entienden que el don de profecía sigue activo en la iglesia, como señal de ese pueblo.
La 18ª creencia fundamental adventista, llamada "El Don de Profecía", enseña que ese don se manifestó en el ministerio de Ellen G. White, aceptada como mensajera de Dios. Importante: los adventistas no colocan sus escritos por encima de la Biblia. La Biblia es la regla. Los escritos se ven como una orientación que apunta siempre de vuelta a las Escrituras, nunca las sustituye.
Si eres de otra iglesia y piensas distinto sobre esto, está bien. El Club te acoge. Lo que todo cristiano concuerda es lo esencial: el don de profecía, en cualquier época, existe para edificar la iglesia y llamar a las personas de vuelta a Dios, no para adivinar el futuro por curiosidad. Todo don, incluido ese, se prueba por el fruto que produce y por la fidelidad a la Palabra.
Cómo descubrir tu don: tres preguntas
Nadie despierta un día con una nota: "tu don es enseñar". El descubrimiento sucede en la práctica, sirviendo. Pero hay un camino que ayuda, y cabe en tres preguntas simples. Anota y responde con sinceridad.
1. ¿Qué me gusta hacer? Dios suele poner alegría en aquello para lo que te llamó. Presta atención: ¿qué te da energía en vez de agotarte? ¿Te pone feliz explicar las cosas a los más pequeños? ¿Organizar el campamento? ¿Quedarte al lado de quien está triste? El gusto no es prueba final, pero es una pista fuerte.
2. ¿En qué me usan los demás? Fíjate hacia dónde te llaman las personas de forma natural. Si cada vez que el grupo necesita animar a alguien te llaman a ti, eso dice algo. Si siempre te piden explicar la lección, o cuidar del desorden, o consolar a quien lloró, el cuerpo ya está mostrando tu función. El don aparece cuando se usa, no cuando se guarda.
3. ¿Qué confirma la iglesia? Ese es el filtro que evita el autoengaño. Conversa con tu Consejero, el Director, un líder que te conozca. Pregunta con franqueza: "¿dónde me ves sirviendo bien?". Cuando varias personas maduras apuntan a la misma dirección, es señal. Un don verdadero edifica a los demás, y son los demás quienes lo sienten primero. Si crees que tienes el don de enseñar pero nadie aprende nada, quizá el don sea otro.
Cómo usar tu don en el Club y en la iglesia
Descubrir el don es la mitad del camino. La otra mitad es usarlo. Don guardado se oxida. Y el Club es el mejor laboratorio que existe: un lugar seguro para equivocarte, aprender y crecer sirviendo de verdad.
Empieza pequeño y concreto. ¿Tienes el don de enseñar? Pídele a tu Consejero ayudar a un compañero en una Especialidad que ya dominas. ¿Tienes el don de servir? Asume la organización del material de la Unidad. ¿Tienes el don de animar? Sé el Conquistador que levanta al grupo en la caminata difícil. ¿Tienes el don de compasión? Mantente atento a quien siempre queda solo y acércate.
Llévalo también fuera del Club. La iglesia tiene cien lugares esperando: recepción, música, sonido, clase de niños, visita a ancianos. Y el servicio a la comunidad es un campo enorme para cualquier don, como ves en proyectos de servicio comunitario. Liderazgo, organización, cuidado, enseñanza: todo cabe ahí.
Un último aviso importante. No esperes sentirte 100% listo para empezar. El don crece con el uso, como un músculo. Vas a tropezar, y está bien. Habla con tu líder, pide un lugar para servir y empieza esta semana. Como dice 1 Pedro 4:10, el don fue dado "al servicio de los demás". Solo cumple ese propósito cuando sale de tu mano y llega a la vida de alguien.