Cuando pensamos en los Conquistadores, es fácil imaginar que todo empezó con el primer club, en 1946. Pero la verdad es más bonita y bastante más antigua: aquel club fue el fruto maduro de una historia que se venía escribiendo hacía casi setenta años. Todo nació de algo simple: el deseo de dos adolescentes de ayudar a otros jóvenes a conocer a Dios. Desde ese primer impulso, en 1879, hasta la creación de un departamento mundial en 1907 y el surgimiento de los JMV, cada paso fue preparando el terreno. Esta es la historia de las raíces de los Conquistadores, contada con cuidado, separando lo que las fuentes oficiales confirman de aquello que todavía guarda alguna incertidumbre.
Dos adolescentes y un camino en Michigan (1879)
La historia de las raíces de los Conquistadores empieza en un camino de tierra, en el estado de Michigan, Estados Unidos. En 1879, dos adolescentes adventistas —Luther Warren y Harry Fenner— caminaban conversando y orando sobre cómo ayudar a otros jóvenes de su pequeña iglesia, en Hazelton, a vivir más cerca de Dios. De esa conversación nació la idea de organizar una sociedad de jóvenes.
Realizaron la primera reunión en el piso de arriba de una casa sencilla, con un pequeño grupo de muchachos. Eligieron un presidente y un secretario-tesorero, abrieron con oración y cánticos, trabajaron en un compromiso de templanza y reunieron recursos para comprar material religioso para distribuir. Poco después, invitaron a las muchachas a sumarse al trabajo. Las fuentes oficiales adventistas reconocen esa pequeña reunión de 1879 como la primera sociedad de jóvenes de la Iglesia Adventista: la semilla de todo lo que vendría después.
Sociedades que brotan por todas partes
La idea de Warren y Fenner no se quedó aislada. En las décadas siguientes, sociedades de jóvenes similares empezaron a surgir en distintas iglesias adventistas, de forma espontánea y descentralizada: cada grupo organizaba sus propias reuniones, estudios y acciones misioneras.
Ese movimiento crecía sin una coordinación central. Era entusiasta, pero disperso. Con el tiempo, quedó claro que la iglesia necesitaba una estructura para apoyar, orientar y unir a todos esos jóvenes. Esa percepción abriría el camino para el paso siguiente: la creación de un departamento mundial dedicado exclusivamente a la juventud.
"Todo empezó con el deseo de dos jóvenes de ver a otros jóvenes más cerca de Dios."Historia de la juventud adventista
1907: nace el departamento Missionary Volunteer
El paso decisivo llegó en 1907. Ese año, durante un concilio de la Asociación General realizado en Gland, Suiza, la iglesia decidió organizar un departamento mundial para atender a los jóvenes. Más tarde, ese mismo año, en un encuentro en Mount Vernon, Ohio (Estados Unidos), el departamento recibió el nombre de Young People's Missionary Volunteer Department, en español algo así como Departamento de Voluntarios Misioneros de la Juventud.
El primer líder del departamento fue el pastor Milton E. Kern, y Matilda Erickson se desempeñó como secretaria en los primeros años. El nombre elegido —Missionary Volunteer, o "Voluntario Misionero"— lo decía todo: la propuesta era formar jóvenes que se ofrecieran voluntariamente para la misión. El lema del movimiento se hizo conocido como "El amor de Cristo nos constriñe". Ese departamento es el antecesor directo de toda la estructura de ministerio joven adventista que existe hasta hoy, incluidos los Conquistadores.
Los JMV: los Jóvenes Misioneros Voluntarios juniores
Con el departamento en funcionamiento, pronto se notó que los niños y los juveniles —los más pequeños— necesitaban algo pensado especialmente para ellos. Así surgió la rama júnior del movimiento: los JMV, sigla de Jóvenes Misioneros Voluntarios (en inglés, Junior Missionary Volunteers). Las fuentes adventistas ubican la organización de esa sociedad júnior alrededor de 1909, también en Mount Vernon, Ohio.
Poco a poco, los JMV ganaron materiales propios —como la lectura devocional diaria de la Vigilia Matutina (Morning Watch)— y, más tarde, un sistema de clases progresivas. En ellas, muchachos y muchachas avanzaban por etapas como Amigo (Friend), Compañero (Companion) y niveles siguientes, demostrando habilidades espirituales, mentales, físicas y sociales. Ese formato de clases, con énfasis en actividades al aire libre y en la naturaleza, se fue desarrollando especialmente a partir de la década de 1920, y es, claramente, el abuelo de las clases regulares de los Conquistadores que conocemos hoy.
Cómo todo esto preparó a los Conquistadores
Cuando nació el primer Club de Conquistadores, en 1946, en Riverside, California, no surgió de la nada. Al contrario: llegó montado sobre décadas de experiencia acumulada. La estructura de sociedades de jóvenes venía de 1879; la organización mundial y los ideales venían del departamento Missionary Volunteer, de 1907; y la forma de trabajar con los juveniles —clases, especialidades, vida al aire libre y acción misionera— venía de los JMV.
No por casualidad, cuando la Asociación General oficializó el programa en 1950, los clubes fueron llamados JMV Pathfinder Clubs, "Clubes de Conquistadores JMV". El propio nombre llevaba la herencia: los Conquistadores eran, y siguen siendo, la expresión más conocida del antiguo sueño de los Jóvenes Misioneros Voluntarios. Las raíces y el fruto tienen el mismo ADN.
Por qué conocer estas raíces
Saber de dónde vienen los Conquistadores cambia la forma de mirar el uniforme, el pañuelo y las clases. Nada de eso fue inventado de un momento a otro: cada elemento es heredero de gente que, a lo largo de generaciones, creyó que vale la pena invertir en los jóvenes. De dos adolescentes en un camino de Michigan a un departamento mundial, la línea es continua.
La próxima vez que un Conquistador recite el Voto o conquiste una clase, vale la pena recordar que está repitiendo, con palabras nuevas, el mismo deseo de 1879: jóvenes sirviendo a Dios y ayudando a otros jóvenes. Las raíces son profundas, y de ellas el árbol saca su fuerza.