Abrir un Club de Conquistadores es uno de los regalos más bonitos que una iglesia puede dar a sus jóvenes: un espacio de fe, aventura, amistad y crecimiento para niños y niñas de 10 a 15 años. Pero, a diferencia de lo que mucha gente imagina, un club no nace de una decisión aislada de una persona entusiasta. Nace de un proceso organizado, con el apoyo de la iglesia local y el registro ante el campo (la Asociación o Misión de tu región). La buena noticia es que ese camino está bien definido. En esta guía, reunimos el paso a paso oficial, desde la primera conversación hasta el primer encuentro del club. Y, siempre que algo pueda variar según tu región, te avisaremos con claridad para que nunca te quedes en la oscuridad.
Antes de comenzar: qué es un club de verdad
Vale la pena entender algo desde el inicio: el Club de Conquistadores no es un grupo de amigos que se reúne para acampar. Es un ministerio oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, dirigido a niños y niñas de 10 a 15 años, con un programa que une vida espiritual, naturaleza, especialidades, clases regulares y servicio al prójimo. Por eso, abrir un club involucra a toda la iglesia, y no solo a quien tuvo la idea.
Esto cambia la forma de comenzar. El club necesita el respaldo legítimo de la iglesia para existir: es la iglesia local la que lo aprueba, elige a sus líderes y lo sostiene. Y es el campo (Asociación o Misión) el que lo reconoce oficialmente, lo conecta a la estructura mayor del Ministerio de Conquistadores y ofrece capacitación. Entender esto desde el primer día evita frustraciones y hace que el club nazca sobre una base sólida.
Si eres padre, madre o miembro con ese deseo en el corazón, tu papel inicial es claro: ser el primer motivador. Reúne personas dispuestas, ora por esto y lleva la idea a los canales correctos, en el orden correcto. Eso es exactamente lo que muestran los próximos pasos.
Paso 1: la decisión y el apoyo de la iglesia local
El primer paso formal ocurre dentro de la iglesia. La idea necesita llegar a la comisión (junta) de la iglesia local, que es quien tiene autoridad para aprobar la fundación del club. Según las orientaciones del Ministerio de Conquistadores, corresponde a esa comisión elegir a los líderes que actuarán en la formación del club, votar y aprobar su fundación y también sugerir nombres para el club. Ese paso da el respaldo legítimo del que hablamos.
En ese camino, el pastor local es una pieza clave. Es el líder elegido por la Asociación o Misión para supervisar toda actividad de la iglesia y, generalmente, conoce bien la estructura para ayudar en la organización. Conversar con el pastor antes (o junto) de llevar el tema a la comisión suele hacer que todo fluya mejor. Tenlo como aliado desde el inicio.
En la práctica, es bueno llegar a la comisión con la idea ya madurada: por qué abrir el club, cuántos jóvenes tiene la iglesia, quién podría liderar y qué apoyo se necesita. Recuerda involucrar también a los padres de los adolescentes: suelen ser los mayores aliados de un club que está naciendo.
"La Iglesia necesita estar involucrada en este proceso, para dar respaldo legítimo al Club."Ministerio de Conquistadores
Paso 2: la asesoría con la Asociación o Misión
Con la iglesia a favor, es hora de conversar con quien coordina los clubes de tu región. El líder del Ministerio de Conquistadores del campo (tu Asociación o Misión) y sus colaboradores son los responsables de todos los clubes del área geográfica. Existen justamente para apoyar a quien está comenzando, y ese contacto es esencial para hacer todo dentro de las directrices.
El camino suele ser sencillo: llamar a la sede de la Asociación o Misión y pedir hablar con el departamento de Conquistadores. A partir de ahí, puedes ser orientado por el departamental o por la coordinación distrital o regional responsable de tu área, que muchas veces incluso hace una visita para ayudar a organizar el club en el lugar.
Aquí entra un punto importante de honestidad: detalles prácticos como documentación exigida, plazos, tarifas, seguros y calendario pueden variar de campo a campo. Por eso, más que seguir un guion fijo encontrado en internet, confirma cada requisito directamente con la coordinación de tu región. Es ella quien habla con autoridad sobre los procedimientos locales.
Paso 3: el director y la directiva
El corazón del liderazgo del club es el director. Es elegido y votado por la comisión de la iglesia local, y debe ser una persona de madurez y buena reputación, miembro bautizado y activo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Las orientaciones del Ministerio de Conquistadores indican que el director debe tener 18 años o más, justamente porque es el responsable legal de los jóvenes durante las actividades oficiales. Al integrar el liderazgo del club, el director pasa a formar parte de la comisión de la iglesia.
El director, sin embargo, no camina solo. La directiva reúne directores asociados (como mínimo un hombre y una mujer), además de secretario, tesorero, capellán, consejeros e instructores. Esos líderes deben ser personas comprometidas, mayores de edad y con espíritu dinámico, dispuestas a involucrarse de verdad en las actividades. Un buen equipo es lo que diferencia a un club que perdura de uno que se cansa en pocos meses.
Vale notar una distinción útil: ser director exige 18 años cumplidos (responsable legal), pero otras funciones de liderazgo en el club, como consejero de unidad, pueden ser ejercidas por personas a partir de 16 años, según las orientaciones del ministerio. Esto abre espacio para involucrar a jóvenes líderes en formación junto a los adultos responsables.
"El Director del Club es el responsable legal de los jóvenes cuando están en actividades oficiales."Orientaciones del Ministerio de Conquistadores
Paso 4: el registro del club y la capacitación de la directiva
Con el director y la directiva definidos por la iglesia, el club necesita ser registrado (inscrito) oficialmente ante el campo, es decir, la Asociación o Misión. Ese registro es lo que hace que el club sea reconocido dentro de la estructura del Ministerio de Conquistadores, y es allí donde también se confirma el nombre elegido para el club, a partir de las sugerencias votadas por la iglesia.
Junto con el registro viene una etapa que no puede saltarse: la capacitación de la directiva. El Ministerio de Conquistadores del campo promueve el Curso de Capacitación Básica para la directiva, y es imprescindible que toda la dirección participe. Un club nace mucho más saludable cuando sus líderes entienden desde el inicio cómo funcionan la parte espiritual, administrativa y pedagógica del programa.
Este es el momento adecuado para alinear también las cuestiones prácticas con la coordinación: documentación de los miembros, fichas, autorizaciones de los padres, seguros y calendario regional. Como estos puntos pueden variar según el campo, trátalos directamente con quien orienta tu región, en vez de suponer. Hacerlo bien desde el comienzo evita dolores de cabeza más adelante.
Paso 5: las unidades, los consejeros y la planificación
Con el equipo formado, se organiza la estructura interna. El club se divide en unidades, pequeños grupos de conquistadores liderados por un consejero. La orientación es que cada unidad de los niños tenga un consejero hombre y cada unidad de las niñas tenga una consejera mujer, todos mayores de edad. El consejero tiene el contacto más cercano con los conquistadores, siendo una de las piezas más importantes del club.
Enseguida viene el paso que muchos consideran el más importante de toda la organización: elaborar el programa anual. La comisión ejecutiva se reúne para definir las reuniones regulares, los objetivos, los costos, las actividades, la participación en eventos regionales y camporis, y también cómo será la difusión. Un club con calendario claro comienza el año entero con el pie derecho.
Por último, se comunica a la iglesia. Durante un culto, presenta el club, sus objetivos y su programa, e invita a los interesados a apoyar, especialmente a los padres. Muchos campos recomiendan difundir la programación de apertura con algunas semanas de anticipación, abrir un período de inscripciones y, después de un tiempo de adaptación, celebrar la ceremonia de admisión, cuando los nuevos conquistadores reciben el pañuelo. Es el momento en que el sueño se convierte en un club de verdad.