Imagina llegar a un país donde no entiendes el idioma, no conoces a nadie y cargas todo lo que tienes en una mochila. Así es como muchas familias venezolanas, haitianas y ucranianas llegan a Brasil. No necesitan lástima. Necesitan a alguien que diga: "Eres bienvenido aquí."

Tu Club puede ser ese alguien. No con un proyecto gigante, caro e imposible. Con gestos sencillos, organizados y constantes: un kit de bienvenida, una clase de portugués el sábado por la tarde, ayuda para completar un formulario, un niño recibido con un abrazo en la Unidad. Eso cambia una vida.

Esta guía muestra cómo armar ese proyecto desde cero, con sensibilidad cultural, seguridad y el apoyo de ADRA. Y muestra por qué, para el cristiano, acoger al extranjero no es una opción: es un mandamiento.

Por qué acoger al extranjero es cosa de Dios

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La Biblia no es neutral sobre esto. Repite el tema tantas veces que se vuelve imposible ignorarlo. En Levítico 19:34, Dios ordena a su pueblo: "Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto" (RVR). Fíjate: no dice "tolera" al extranjero. Dice "ama" al extranjero, de la misma manera en que te amas a ti mismo.

El motivo es hermoso. Dios recuerda a su pueblo que ellos también fueron extranjeros, esclavos en Egipto, sin tierra y sin derechos. Quien ya sufrió lejos de casa debería ser el primero en acoger a quien sufre ahora. Éxodo 22:21 lo refuerza: "Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto" (RVR).

Jesús fue aún más lejos. En Mateo 25:35 dice que, al acoger al extranjero, es a Él mismo a quien acogemos: "fui forastero, y me recogisteis" (RVR). Y Hebreos 13:2 añade un misterio precioso: "No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles" (RVR). Cuando recibes a una familia refugiada, nunca sabes a quién puso Dios frente a ti.

El kit de bienvenida: empieza pequeño y concreto

No esperes a tener dinero para un proyecto grande. Empieza con un kit de bienvenida, la herramienta más sencilla y más poderosa. Es una bolsa o caja que se entrega a la familia apenas llega, con lo esencial de los primeros días. Cada Conquistador puede ayudar a armarlo. Es servicio de verdad, con las manos.

¿Qué poner? Artículos de higiene (jabón, cepillo y pasta de dientes, toallas higiénicas, pañal si hay bebé), agua y alimentos que no se echan a perder (arroz, frijoles, galletas, leche en polvo), una manta, y una hoja impresa con información útil: dónde queda el centro de salud, la lista de teléfonos de emergencia (tu número de emergencia local; en Brasil, SAMU 192, Bomberos 193), y la dirección de la iglesia o del Club. Si es posible, traduce esa hoja al español o al criollo haitiano.

Un detalle lo cambia todo: escribe una nota a mano. Algo corto, como "Tu familia es bienvenida. Estamos aquí." Una familia que huyó del hambre y la violencia no olvida el primer gesto de cariño que recibe. Pide a cada Unidad que adopte a una familia y mantenga contacto en las semanas siguientes. El kit abre la puerta; la amistad es la que acoge de verdad.

Clases de portugués: la llave que abre todas las puertas

Sin el idioma, la persona no consigue buscar empleo, ir al médico, matricular al hijo en la escuela ni pedir ayuda. Enseñar portugués es, quizás, el servicio más transformador que tu Club puede ofrecer. Y no necesitas ser profesor titulado para empezar.

Arma una clase sencilla, una vez por semana, en un horario fijo (el sábado por la tarde funciona bien). No intentes enseñar gramática difícil. Enseña lo que la persona necesita hoy: cómo presentarse, pedir información en la calle, decir los números, leer una etiqueta, completar el nombre en un formulario. Usa imágenes, objetos reales y mucha repetición. Un adolescente Conquistador puede ser monitor de un niño inmigrante, y los dos aprenden juntos.

Para los venezolanos, el español ayuda: las lenguas se parecen y el progreso es rápido. Para los haitianos, que hablan criollo y francés, el camino es más largo, así que ten paciencia y celebra cada pequeña victoria. Pregunta en la iglesia si alguien habla español o francés para ayudar como puente en las primeras clases. Y recuerda: el objetivo no es la fluidez perfecta, es la autonomía. Cuando la persona logra desenvolverse sola en el día a día, ganaste.

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Documentos y empleo: ayudar sin hacer por la persona

Quien llega a Brasil necesita regularizar su situación para tener derechos: solicitud de refugio o residencia, CPF, cartilla de trabajo. El laberinto de papeles asusta hasta a los brasileños. Tu Club puede ayudar a la familia a navegarlo, pero con un cuidado importante: ayuda a la persona a hacerlo, no lo hagas en su lugar. La meta es que gane independencia, no que dependa de ti para siempre.

En la práctica, esto significa: acompañar a la familia a la Policía Federal o al centro de atención, ayudar a entender los formularios, explicar para qué sirve cada documento, enseñar a agendar una cita por internet. Un adulto responsable del Club debe liderar este frente, nunca un niño solo. Y cuidado con los datos sensibles: nunca pidas contraseñas ni guardes documentos originales de la familia.

En el empleo, la red de la iglesia vale oro. Muchos refugiados son profesionales calificados, albañiles, costureras, cocineros, profesores, que solo necesitan una primera oportunidad. Avisa a la comunidad que hay personas buscando trabajo honesto. Una recomendación bien hecha, un currículum sencillo escrito juntos, un aventón a la entrevista: son puentes que sacan a una familia de la miseria. Y deja claro a los Conquistadores: acoger no es dar el pescado para siempre, es ayudar a la persona a volver a pescar.

Los niños en la Unidad: integración de verdad

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El niño inmigrante quiere lo que todo niño quiere: jugar, tener amigos, pertenecer. Y el Club es el lugar perfecto para que eso pase. Recibe a los niños refugiados en tu Unidad como recibes a cualquier otro. Sin precio, sin burocracia, sin hacer que la familia se sienta un caso de caridad. Solo: "Ven, aquí hay lugar para ti."

Al principio, la barrera del idioma y la timidez son grandes. Aquí el Consejero marca toda la diferencia. Elige juegos que no dependan de mucha conversación, como deportes, dinámicas de grupo, armar una carpa juntos, aprender un nudo. La acción construye amistad más rápido que la conversación. Pide a dos o tres Conquistadores que sean "padrinos" del recién llegado, mostrándole todo y sentándose a su lado.

Mantente atento al bullying. Acento distinto, ropa distinta, comida distinta: los niños pueden ser crueles con lo que es nuevo. El líder necesita cortar eso de raíz, con firmeza y amor, enseñando a toda la Unidad que la diferencia es riqueza, no motivo de burla. Si necesitas herramientas para lidiar con esto, vale la pena leer nuestra guía sobre el bullying en el Club. Un niño acogido en el Club lleva esa acogida a casa, y toda la familia lo siente.

Sensibilidad cultural: acoger sin borrar quién es la persona

Acoger no es transformar al otro en ti. La familia que llegó tiene una cultura, una comida, una música, una fe, y todo eso forma parte de su dignidad. El error más común de quien quiere ayudar es tratar al inmigrante como un proyecto a corregir, y no como una persona a respetar. Evita ese error.

En la práctica: pregunta antes de suponer. No toda familia celebra las mismas fechas, come las mismas cosas o tiene las mismas costumbres. Un venezolano no es igual a un haitiano, y ninguno de los dos quiere ser tratado como "pobrecito". Invita, no impongas. Si ofreces un estudio bíblico, que sea una invitación amable, nunca una condición para recibir ayuda. El amor con precio no es amor, es intercambio.

Una manera hermosa de mostrar respeto es dar espacio a su cultura. Pide a una madre venezolana que enseñe una receta en una noche del Club. Deja que un niño haitiano muestre un juego de su país. Cuando la familia percibe que su cultura es valorada y no escondida, se relaja, confía y se integra de verdad. Acoger bien es decir, con actitudes: "Eres bienvenido tal como eres."

El papel de ADRA y cómo no hacerlo solo

No necesitas, y no debes, cargar este proyecto solo. ADRA (Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales) es el brazo humanitario oficial de la Iglesia Adventista y trabaja en más de 120 países. Trabaja con refugiados desde hace décadas, integrando salud, educación y generación de ingresos, y tiene estatus consultivo ante la ONU desde 1997.

En Brasil, ADRA actuó directamente en la acogida de venezolanos en Roraima, dentro de la Operación Acogida del gobierno federal, en alianza con el Ejército y agencias de la ONU como el ACNUR. Distribuyó colchones, mantas y alimentos y organizó equipos de voluntarios. Es decir: existe una estructura seria lista para orientar a tu Club. No reinventes la rueda.

Busca a ADRA de tu región, o habla con tu pastor y el Director del Club para descubrir el camino. Una alianza con ADRA da capacitación, evita errores y te conecta con otros proyectos. ¿Quieres entender mejor esta alianza? Lee nuestra guía sobre ADRA y el Club. Acoger refugiados es trabajo en equipo: tu pasión se suma a la experiencia de quienes ya lo hacen desde hace mucho tiempo.