Faltan tres meses para el campori y la cuenta no cierra: inscripción, autobús, carpas nuevas, comida para todo el fin de semana. Alguien suelta la idea clásica: "¡hagamos una rifa!" — y ahí surge la duda que traba a toda la directiva. ¿El Club de Conquistadores puede o no puede? La respuesta existe, es oficial y está en el Manual Administrativo de la Iglesia Adventista. Este artículo lo organiza todo: qué está permitido, qué está prohibido y las estrategias que realmente funcionan.
¿De dónde sale el dinero del club?
Antes que nada, un acuerdo: el Club de Conquistadores es el programa de la Iglesia Adventista del Séptimo Día para niños y niñas de 10 a 15 años — y, como toda buena aventura, cuesta dinero. Carpa, cuerda, distintivo, seguro, campamento: nada de eso cae del cielo. Por eso el Manual Administrativo del Club de Conquistadores, publicado por la División Sudamericana (DSA, la sede de la iglesia para ocho países de América del Sur), dedica un capítulo entero a las finanzas: el 3.6.
Según el manual, los ingresos del club provienen de cuatro fuentes oficiales. La primera es la cuota mensual: todos pagan, incluida la directiva, con un valor ajustado a la realidad de los miembros — en regiones de menos recursos puede ser simbólica, pero existe, porque enseña que lo que vale la pena tiene un costo. Y hay una regla de oro: nadie se queda afuera por no poder pagar. Los detalles de los valores están en cuánto cuesta participar del club.
Las otras tres: el subsidio de la iglesia (una parte del presupuesto anual que la iglesia local decide en comisión), los patrocinios (apoyo de miembros, padres, amigos y empresarios) y las campañas de recaudación de fondos — las famosas ventas y ferias. Las dos últimas existen justamente para los gastos grandes y ocasionales, como carpas nuevas e inscripciones a eventos. Sobre ellas surge la mayor parte de las dudas.
¿El club puede vender para recaudar fondos?
Sí, puede. El manual es claro: la DSA considera la práctica de ventas, siguiendo las orientaciones oficiales, una opción legítima como fuente de recursos para los clubes (cap. 3.6.2). Es decir: cantina, feria y venta de productos no son un "atajo" — son una herramienta reconocida. Pero vienen con un conjunto de reglas que todo club necesita conocer antes de montar el puesto.
Las condiciones principales: las ventas nunca pueden tener fines religiosos (recaudar para el programa del club, que es una actividad social y educativa, está bien; "vender para financiar el culto", no) y nunca se realizan en el lugar de culto — el templo no se convierte en tienda. Los productos no pueden contrariar los principios adventistas, lo que incluye la carne, y los precios jamás pueden ser exorbitantes. El manual también valora las ventas con propósito educativo, como productos hechos en los cursos y talleres de la propia iglesia.
El porqué, en una frase: la iglesia entiende que la generosidad debe venir del corazón, no del estómago — entonces la venta puede ayudar al club, pero nunca sustituir el espíritu de servicio. ¿Quieres ir directo a la fuente? El documento completo está en manuales oficiales del club.
Todo movimiento financiero del club de Conquistadores debe pasar por la tesorería de la Iglesia local.Manual Administrativo del Club de Conquistadores (DSA), cap. 3.6
¿Se puede hacer rifa o bingo en el Club de Conquistadores?
No. Esa es la respuesta más tajante del capítulo: el manual prohíbe "bingos, rifas, apuestas, juegos o cualquier otro método contrario a los principios de la Iglesia Adventista del Séptimo Día" (cap. 3.6.2). El motivo cabe en una frase: las rifas y los bingos son juegos de azar, y la iglesia no financia sus proyectos con la suerte. Así que esa rifa de bicicleta, por bienintencionada que sea, queda descartada — en cualquier club, en cualquier país de la DSA.
La buena noticia: el menú de lo que sí se puede es amplio. Piénsalo así: si la actividad implica trabajo de verdad (hacer, preparar, servir, prestar un servicio) y un producto dentro de los principios, el camino está abierto — siempre con la aprobación de la comisión de la iglesia, el grupo que toma las decisiones de la iglesia local. La tabla de abajo resume los casos más comunes.
| Actividad | ¿Se puede? | Por qué |
|---|---|---|
| Feria de jugos naturales y meriendas saludables | ✅ Sí | Venta permitida fuera del lugar de culto, con aprobación de la comisión de la iglesia |
| Venta de artesanías hechas en los talleres del club | ✅ Sí | El manual cita como legítima la venta de productos de cursos y talleres |
| Cantina en un evento del club, fuera del espacio de culto | ✅ Sí | Siempre que no haya productos con carne y los precios sean justos |
| Lavado de autos solidario y otros servicios | ⚠️ Depende | El manual no lo menciona; vale la regla general: aprobación de la comisión y precio justo |
| Rifa de bicicleta o de canasta de chocolates | ❌ No | Las rifas, los bingos y las apuestas están prohibidos (cap. 3.6.2) |
| Bingo benéfico | ❌ No | El juego de azar contraría los principios de la IASD, incluso con buena causa |
| Asado para recaudar fondos | ❌ No | Los productos con carne contrarían los principios adventistas |
| Venta dentro del templo | ❌ No | Las ventas nunca se realizan en el lugar de culto |
Lo que el Manual Administrativo de la DSA (cap. 3.6.2) permite y prohíbe en las campañas de recaudación.
Lee tambiénTesorería del club¿Adónde va el dinero recaudado?
Aquí viene la parte que sorprende a muchos: el tesorero del club no guarda el dinero del club. Todo movimiento financiero pasa por la tesorería de la iglesia local — y el manual llama inaceptable a cualquier caja paralela. Funciona como el servidor central de un juego en línea: cada moneda entra en el mismo inventario compartido, registrada y visible, para que nadie se pierda (ni caiga en tentación).
En la práctica: terminó la feria de jugos, el monto recaudado va al tesorero de la iglesia, que entrega un recibo (cap. 3.6.1). Cuando el club necesita gastar, el dinero sale de esa caja, siempre con factura — desde un lápiz hasta un congelador. Y las compras se hacen a nombre de la entidad fiscal del Campo (la Asociación o Misión, la oficina regional que administra las iglesias de la región), nunca a nombre personal de un miembro.
Parece burocracia, pero es protección: para el tesorero, que nunca queda bajo sospecha; para los padres, que saben adónde fue a parar cada peso; y para el club, que rinde cuentas con la frente en alto. La transparencia es el uniforme invisible de la directiva.
¿Cómo conseguir patrocinio y padrinos para el club?
El manual trae una estrategia oficial de patrocinio que es casi un secreto bien guardado (cap. 3.6.1): hacer una lista de todas las necesidades del club — carpas, inscripciones a eventos, equipos de cocina —, presupuestar cada ítem y pedir ayuda para uno específico. En vez de "ayúdanos con lo que puedas", el pedido se convierte en "ayúdanos a comprar esta carpa de R$ 650". El colaborador sabe exactamente en qué se usará el dinero — e incluso puede donar el artículo en sí. Es la lógica de la lista de regalos: una meta clara convence mucho más.
También existe la figura del padrino: alguien que "adopta" financieramente a un conquistador que no puede pagar la cuota mensual, cubriendo sus gastos. El manual pide que el niño sepa que alguien se preocupa por su bienestar — y que el asunto se trate siempre en privado, nunca en público. Y todo colaborador financiero entra en el libro de oro (cap. 3.4.6): un cuaderno ornamentado, de color dorado, donde el secretario registra el nombre y la fecha de la colaboración, con espacio para la firma. Es el salón de la fama del club.
La solicitud formal a empresas, escuelas y organismos públicos se hace por medio de un oficio, el documento de comunicación oficial del club — el manual trae tres modelos listos en los anexos A, B y C. ¿Tu unidad quiere una carpa nueva? Conviértelo en misión: lista, presupuesto, oficio, entrega en mano. Pocos clubes lo hacen; los que lo hacen, cosechan.
Oficio relámpago en 5 líneas: 1) Encabezado: "Oficio n.º 01/2026 — Club de Conquistadores [nombre], de [ciudad]". 2) Quiénes somos: club de niños y niñas de 10 a 15 años, vinculado a la Iglesia Adventista, con actividades educativas y comunitarias. 3) La solicitud: apoyo para adquirir un ítem específico, ya presupuestado (ej.: carpa de campamento — R$ 650). 4) La contrapartida: registro en el libro de oro del club y rendición de cuentas con factura. 5) Cierre: agradecimiento, fecha, firma del director y contacto.
¿Qué ideas de recaudación funcionan de verdad?
Con las reglas en la mano, el terreno de juego queda claro. Clásicos que respetan el manual: feria de jugos y caldos vegetarianos, venta de panes y tortas caseras (sin carne, precio justo), artesanías y productos de los talleres del club — desde nudos decorativos hasta artículos de especialidades —, cantina saludable en eventos fuera del espacio de culto y servicios acordados con la comunidad, siempre validados antes con la comisión de la iglesia.
La ruta que evita dolores de cabeza tiene cuatro pasos: idea → aprobación de la comisión de la iglesia → ejecución → rendición de cuentas en la tesorería. Saltarse el segundo paso es el error más común; saltarse el cuarto es el más grave. Y cuida bien el calendario: la presión financiera se dispara meses antes de un campori — el gran campamento que reúne a decenas o cientos de clubes —, así que quien empieza la campaña con seis meses de anticipación llega al evento sin ahogos.
Un último consejo de quien ya vio muchas cantinas salir bien: vende experiencia, no solo producto. Una feria con exhibición del club, demostración de primeros auxilios y conquistadores uniformados atendiendo bien recauda más — y de paso presenta el club a familias que nunca habían oído hablar de él. Una campaña de recaudación bien hecha es también la mejor publicidad.