En agosto de 1904, un hombre desembarcó en el litoral ecuatoriano cargando libros y una convicción terca. Thomas Davis era colportor, vendedor de libros religiosos, y fue el primero en llevar el mensaje adventista a un país que aún no conocía aquella fe. Tardó tres años en ver el primer bautismo.
De esa semilla solitaria brotó todo lo que vino después: iglesias en Quito y Guayaquil, una Unión entera y, décadas más tarde, miles de niños y adolescentes marchando con el pañuelo al cuello. En 2024, Ecuador reunió el mayor Campori de su historia.
Esta es la historia de cómo los Conquistadores, llamados Desbravadores en el mundo de habla portuguesa, echaron raíces profundas en la línea del ecuador. Una historia de fiebre amarilla, de coraje y de fogatas que todavía arden.
Un colportor y una maleta de libros
En agosto de 1904, Thomas Davis pisó suelo ecuatoriano sin el apoyo de ninguna gran estructura. Era colportor: viajaba vendiendo libros de contenido bíblico y conversando sobre la fe con quien abría la puerta. En un país de fuerte tradición católica, aquello exigía cintura y paciencia de sobra.
El trabajo rindió despacio. Solo en 1907 Davis vio al primer ecuatoriano aceptar el bautismo, C.E. Yépez, que después prestó servicios importantes a la iglesia que nacía. Un converso en tres años puede parecer poco, pero fue la primera piedra de todo lo que vino.
Davis no estaba solo en esa lógica. Desde 1891, la iglesia adventista había enviado colportores como punta de lanza hacia América del Sur, y ellos ya esparcían el mensaje por Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Ecuador entró en ese mapa de la mano de un vendedor de libros que andaba a pie.
Quito, 1912: la primera iglesia y el precio de los pioneros
A comienzos de 1911, el pastor Wheeler bautizó en Guayaquil al segundo converso ecuatoriano, Julio Espinoza, natural de Machala. Las ciudades de la costa y de la sierra empezaban a responder.
El hito llegó el 15 de junio de 1912. Aquel sábado, pocos meses después de que llegaran al país el peruano César López y el pastor Santiago Mangold, venido de Argentina, se organizó en Quito la primera iglesia adventista de Ecuador, con ocho miembros. Ocho nombres que decidieron guardar el sábado en una capital que apenas había oído hablar de aquello.
La conquista cobró caro. A finales de 1912, la esposa de Mangold murió de fiebre amarilla; él aún intentó seguir desde Guayaquil y, en 1914, terminó volviendo a Argentina con los hijos. Las enfermedades tropicales se llevaron la vida de varios pioneros que vinieron a plantar la fe en Ecuador, entre ellos Susana, esposa de Thomas Davis, muerta en 1907 en la ciudad de Ambato. Cada iglesia de aquella época carga, en el silencio, la memoria de quien no resistió el clima.
De la misión aislada a la Unión Ecuatoriana
A lo largo del siglo XX, aquellos grupos dispersos dejaron de ser puntos sueltos en el mapa y se volvieron una red. La iglesia organizó misiones y campos regionales para cuidar del crecimiento, y Ecuador pasó a tener administración propia dentro de la estructura sudamericana.
Hoy el país entero es coordinado por la Unión Ecuatoriana, con campos como la Misión Ecuatoriana del Norte cuidando de regiones específicas. Es esa estructura la que organiza iglesias, escuelas y, claro, los clubes de niños y adolescentes.
La organización funciona en capas. El club local forma parte de un campo, misión o asociación, que responde a una Unión, que integra la División Sudamericana, la DSA. Ecuador ocupa su lugar en ese árbol junto a Brasil, Perú, Chile, Bolivia y Argentina.
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El Club de Conquistadores como organización mundial tiene raíces en los años 1930 y fue oficializado por la iglesia en 1950. En Ecuador, sin embargo, la historia comenzó más tarde, y trae un nombre pegado a ella: Robert Holbrook.
En 1973, el pastor Holbrook llegó a Guayaquil como director de Jóvenes con una tarea clara, desarrollar el ministerio de los Conquistadores en el país. Enseñó cómo fundar un club, dio cursos de liderazgo y orientó a los primeros grupos en las Especialidades. Al año siguiente, en 1974, nació el Eben Ezer, el primer Club de Conquistadores ecuatoriano, fundado en Guayaquil con su presencia.
En el mundo de habla portuguesa, el club se llama Desbravadores. Es el mismo movimiento que en los países de habla hispana llamamos Conquistadores: misma franja de 10 a 15 años, mismas Especialidades, Clases, campamentos y la misma disciplina de fe y servicio.
Campori Valientes 2024: el mayor de todos
Del 31 de octubre al 4 de noviembre de 2024, Santo Domingo de los Tsáchilas se convirtió en la capital de los Conquistadores ecuatorianos. Más de siete mil de ellos montaron campamento para el Campori Valientes, organizado por la Unión Ecuatoriana. Fue el mayor evento de su tipo en la historia del país.
Los números impresionan. Fueron 244 clubes reunidos, venidos de provincias de todo Ecuador, de las islas Galápagos al continente. A lo largo de los días, el campori registró 222 bautismos, marca inédita en el país, e investió a 208 nuevos líderes, listos para dirigir clubes y Unidades.
El coraje, allí, no quedó atado al tema. Los participantes donaron 361 bolsas de sangre, transformando la fe en servicio concreto para hospitales de la región. Es el tipo de gesto que resume el club: acampar, aprender, cantar en la fogata y, en el mismo aliento, servir al prójimo. Si el club de tu ciudad también organiza acciones comunitarias, ya sabes de qué estoy hablando.
Lo que 'Valiente' significa en la práctica
El nombre del campori no fue elegido al azar. 'Valientes' evoca una de las promesas más repetidas en los clubes: 'Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas' (Josué 1:9, RVR).
El coraje en el club rara vez es heroísmo de película. Es levantarse temprano en el campamento con frío, amarrar un nudo que sostiene una carpa entera, encarar la caminata larga sin quejarse y ayudar a quien se quedó atrás. Son pequeñas valentías que construyen carácter.
Existe también el coraje de decidir. Para muchos de aquellos 222 jóvenes bautizados en el campori, decir sí a la fe frente a miles de personas fue el acto más valiente de su vida hasta entonces. Nadie está obligado a pasar por eso. El club acoge a quien todavía está pensando y camina junto a quien elige seguir adelante.
Ecuador en el mapa mundial del movimiento
La distancia recorrida impresiona. De un único colportor en 1904 a 244 clubes reunidos en un solo campori en 2024, Ecuador construyó una historia que cabe al lado de las de los vecinos mayores.
En el mapa mundial, el país integra la División Sudamericana, la misma que reúne a Brasil, Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Y esa división es solo un pedazo de un movimiento que existe en muchos países, con millones de conquistadores marchando con el mismo pañuelo y los mismos ideales.
De la neblina de Quito al calor de Guayaquil, de las Galápagos a los volcanes de los Andes, cada club ecuatoriano es un capítulo de la misma historia. Cuando ajustas el pañuelo al cuello, en Ecuador o en Brasil, entras en una corriente que empezó con gente dispuesta a cruzar el mar por una convicción.