Más de 100 familias de las comunidades indígenas Cabécar y Bribri recibieron alimentos, botas de goma y artículos de higiene en una acción realizada los días 1 y 2 de diciembre de 2025 en las montañas de Talamanca, provincia de Limón, en el sureste de Costa Rica. La iniciativa, en su octavo año consecutivo, es coordinada por la Unión Costarricense de la Iglesia Adventista en alianza con la Misión Caribe del país.
Según la Biblioteca Virtual Adventista, portal de la División Interamericana que publicó el relato, muchas familias recorrieron de tres a más de veinte horas — a caballo o a pie, apoyadas en bastones y cargando sacos para los víveres — para llegar a los puntos de distribución, en regiones donde antes no había presencia adventista.
Qué ocurrió en Talamanca
La entrega se concentró en comunidades dispersas por la cordillera de Talamanca, en el este de Costa Rica — entre ellas Veréh, Charabata y Chinaquichá. Son localidades de difícil acceso, alcanzadas solo por senderos de montaña, donde viven pueblos de las etnias Cabécar y Bribri.
De acuerdo con la Biblioteca Virtual Adventista, más de cien personas se reunieron durante la visita de los líderes de la iglesia el fin de semana. Cada una de las más de 100 familias atendidas recibió un paquete con arroz, legumbres, pastas, harina de maíz, azúcar, aceite y productos de higiene. Además de los alimentos, se distribuyeron botas de goma — un artículo de necesidad real en terreno montañoso y húmedo — y juguetes y dulces para los niños.
Parte de la distribución ocurrió en el Campamento Adventista Grano de Oro, punto de encuentro hacia donde se desplazaron las familias. Voluntarios jóvenes, incluidos estudiantes de secundaria y universitarios, ayudaron en la entrega y contaron historias bíblicas a los niños.
Quién coordinó la acción
La iniciativa es conducida por la Unión Costarricense, campo administrativo de la Iglesia Adventista que reúne el trabajo en el país, en alianza con la Misión Caribe de Costa Rica, responsable directa de la región atendida. Se suman a ellas iglesias locales y el apoyo de los programas de alfabetización y desarrollo de ADRA, la agencia humanitaria adventista.
Para el lector Conquistador, conviene situar los términos. Una Unión agrupa varios campos de una misma región; una Misión es un campo en formación, todavía dependiente de recursos externos, que atiende iglesias y grupos de un área específica. Costa Rica pertenece a la División Interamericana, una de las trece divisiones mundiales de la Iglesia Adventista, que abarca México, América Central, el Caribe y el norte de América del Sur.
ADRA — la misma agencia que, en Brasil, es aliada frecuente de clubes de Conquistadores en campañas sociales — entra en este trabajo por el frente educativo, con esfuerzos de alfabetización que acompañan la asistencia material a lo largo del año.
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La acción de diciembre no es un evento aislado. Según el relato de la División Interamericana, se trata del octavo año consecutivo de un esfuerzo misionero que fue creciendo en las montañas indígenas del este del país.
Hoy la iglesia atiende ocho congregaciones indígenas en la región y tiene como meta abrir dos nuevas congregaciones por año. En la comunidad de Veréh, cerca de 40 personas se reúnen semanalmente, los sábados — un dato que ayuda a medir el alcance de un trabajo que comenzó donde, según los líderes, no había ninguna presencia adventista anterior.
"Estos son lugares donde antes no había presencia adventista", afirmó Ricardo Marín, presidente de la Unión Costarricense, en declaración reproducida por la Biblioteca Virtual Adventista. El dirigente resume la filosofía de la iniciativa en la idea de que el verdadero evangelismo se prueba por la acción, y no solo por la teoría.
Voces de quienes están en el campo
El trabajo depende, en la primera línea, de voluntarios que se mudaron cerca de las comunidades. Una de ellas es la líder laica Maritza Masís, que resumió al reportaje de la división el costo personal de la misión: "Dejé mi hogar, mi trabajo, mi familia y todo lo que tenía para predicar el evangelio."
El presidente de la Misión Caribe, Jeremy Espinoza, destacó que el ministerio entre estos pueblos exige paciencia y continuidad. Según él, una vez que las personas abrazan la fe, se vuelven "fieles mayordomos" de la iglesia — un refuerzo, en la lectura de los líderes, de que la asistencia material abre la puerta a una relación duradera, no a una visita puntual.
Contexto: quiénes son los Cabécar y los Bribri
Cabécar y Bribri están entre los mayores pueblos indígenas de Costa Rica. Ambos habitan principalmente la región de Talamanca, en la vertiente caribeña del país, en territorios de montaña marcados por el aislamiento geográfico y por el acceso limitado a servicios — lo que ayuda a explicar por qué artículos como botas de goma y canastas básicas marcan una diferencia concreta.
Es ese aislamiento el que la acción busca vencer dos veces: primero en el plano material, llevando comida y calzado a quien camina horas por senderos; después en el plano comunitario, con la formación de grupos de estudio y congregaciones que permanecen después de que la entrega termina.
Qué le dice esto al Conquistador
Acciones como la de Talamanca son el mismo espíritu de servicio que mueve al Club de Conquistadores en campañas de recolección, jornadas de trabajo y proyectos comunitarios. La lógica es cercana: identificar una necesidad real, movilizar voluntarios — muchos de ellos jóvenes — y transformar la fe en un gesto concreto.
Para los clubes que buscan inspiración en proyectos sociales, el caso costarricense ofrece dos lecciones prácticas: la continuidad, ya que ocho años seguidos produjeron ocho congregaciones donde no había ninguna; y la alianza, con Unión, Misión, iglesias locales y ADRA sumando esfuerzos en vez de actuar por separado. Es la diferencia entre una visita y una presencia.