Imagina dejar una vida cómoda en Estados Unidos e ir a vivir a más de 3.800 metros de altitud, en una meseta helada donde casi nadie hablaba tu idioma. Eso fue lo que hicieron Fernando y Ana Stahl. En 1909, esta pareja de enfermeros adventistas atravesó medio mundo para servir a los pueblos indígenas de los Andes.

No llegaron con discursos. Llegaron con medicinas, con tiza de pizarrón y con las manos listas para trabajar. Abrieron escuelas donde no había escuela. Cuidaron a enfermos que nadie cuidaba. Y, cuando fueron perseguidos, los propios indígenas los defendieron.

Esta es la historia de una pareja que transformó la respuesta de un profeta antiguo en modo de vida. Y es una historia que habla directo contigo, Conquistador, sobre lo que significa servir de verdad.

¿Quiénes fueron Fernando y Ana Stahl?

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Fernando Anderson Stahl (1874-1950) y Ana Christina Carlson Stahl (1870-1968) formaron una de las parejas misioneras más recordadas de América del Sur. Los dos eran enfermeros. Estudiaron en el Sanatorio de Battle Creek, en Estados Unidos, y pasaron a vivir según la fe adventista a comienzos de los años 1900.

El detalle importante es este: los dos trabajaban juntos, de igual a igual. Ana no era solo la esposa que acompañaba al marido. Era una enfermera tan preparada como él, cuidaba partos, trataba heridas y enseñaba higiene a las familias de las aldeas. En una época en que poca gente valoraba el trabajo de la mujer, su servicio salvó incontables vidas.

Piensa en la dupla como un Director y un Consejero que comparten la misma misión. Cada uno con su don, pero empujando el mismo carrito. Es ese espíritu de compañerismo lo que hace funcionar a un Club. Y fue ese espíritu el que hizo que la misión de los Stahl diera resultado en lugares donde todo parecía estar en su contra.

El versículo que se volvió modo de vida

La historia de los Stahl cabe dentro de un versículo antiguo. En el libro de Isaías, el profeta oye a Dios preguntar quién estaría dispuesto a ir. Y responde al instante. En Isaías 6:8 (RVR) está escrito: "Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí."

Fíjate que la respuesta de Isaías no tiene "pero". No pregunta el salario, no pide garantías, no se queja de la distancia. Solo dice: heme aquí, envíame. Fue exactamente esa la actitud de la pareja. No esperaron condiciones perfectas para servir. Fueron con lo que tenían.

En tu Club, ese mismo llamado aparece todo el tiempo, solo que en versión menor. Alguien necesita cargar la caja de primeros auxilios. Alguien necesita ayudar al novato que no sabe hacer un nudo. Servir empieza cuando levantas la mano antes de calcular cuánto va a costar.

La misión de Platería, cerca del Lago Titicaca

En 1909, la Iglesia envió a los Stahl a América del Sur, empezando por la región de La Paz, en Bolivia. Poco después, alrededor de 1910 y 1911, cruzaron hacia el lado peruano del Lago Titicaca y se establecieron en Platería, un distrito cerca de la ciudad de Puno. Allí vivían los aimaras, un pueblo indígena tratado con desprecio por la sociedad de la época.

Un líder aimara llamado Manuel Zúñiga Camacho abrió su propia casa para recibir a la pareja. De ese encuentro nació la primera escuela indígena adventista de la región. La idea era simple y audaz: enseñar a los aimaras a leer, escribir y cuidar la salud, tratando a cada persona con dignidad.

El trabajo creció rápido. Donde entraba una escuela, entraba también un pequeño puesto de salud. Las dos cosas iban juntas. Aprender a leer y aprender a lavarse las manos eran parte de la misma misión. En una generación, aquella red llegó a sumar cerca de 200 escuelas alrededor del lago, cada una tratando a los aimaras con una dignidad que la sociedad de la época les negaba.

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Escuela y salud: el modelo de los Stahl

Lo que hacía tan fuerte el trabajo de los Stahl era la mezcla. No separaban cuerpo, mente y fe. En una misma aldea encontrabas un salón de clases, un puesto donde Ana trataba a los enfermos y un espacio para orar y cantar. Todo junto, todo cuidando a la persona entera.

Ese cuidado del cuerpo no era invención de la pareja. Nace de un principio que los adventistas toman en serio: la salud es parte de la fe, y cuidar bien del cuerpo es una manera de honrar a Dios. Si quieres entender de dónde viene esa idea, vale la pena leer sobre el origen del mensaje de salud adventista en /es/desbravadores/espiritualidade/origem-da-mensagem-de-saude-adventista/.

Puedes vivir ese mismo modelo en el Club, a la escala de ustedes. Aprender una Especialidad de primeros auxilios, organizar una jornada de limpieza, visitar a quien está enfermo. Un buen proyecto de /es/desbravadores/servico/comunitario/ une exactamente las tres cosas que los Stahl unían: aprender, servir y cuidar. El servicio de verdad siempre pone la mano sobre quien lo necesita.

La persecución de Platería en 1913

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No a todo el mundo le gustó lo que estaba pasando. Cuando los aimaras empezaron a leer, a exigir respeto y a cuidar su propia salud, gente poderosa se sintió amenazada. A partir de 1912 y 1913, la misión de Platería sufrió ataques. Creyentes fueron amenazados, agredidos y hasta encarcelados a causa de la fe.

El caso se volvió tan serio que tuvo repercusión nacional y llegó a debatirse en el Congreso de Perú, convirtiéndose en parte de la discusión sobre la libertad religiosa en el país. Y ocurrió algo conmovedor: muchos indígenas se pusieron al frente para defender a la pareja que los había tratado con dignidad. Quienes antes eran despreciados ahora protegían a sus maestros.

Aquí hay una lección dura y hermosa a la vez. Hacer el bien no siempre agrada a todos. A veces, servir con justicia incomoda a quien lucra con la injusticia. Pero el cuidado verdadero crea lazos tan fuertes que las personas pasan a defenderse unas a otras. Así es también en un Club sano: quien es bien tratado aprende a proteger al prójimo.

El giro hacia la Amazonía, en 1921

Podrías imaginar que, después de tantos años y tanto éxito en los Andes, la pareja fuera a descansar. No fue lo que pasó. En 1921, ya con mucho camino recorrido, Fernando y Ana bajaron de las montañas heladas al calor húmedo de la Amazonía peruana. Un mundo completamente diferente.

Allí empezaron de nuevo, esta vez entre los asháninka, pueblo indígena de la selva central de Perú, abriendo trabajo en la región de Metraro, en el valle del Perené. Cambiaron el frío de la meseta por los ríos, los mosquitos y las enfermedades tropicales. E hicieron lo de siempre: escuela, salud y respeto.

El legado de ese período todavía existe. En Iquitos, en la Amazonía peruana, funciona hasta hoy la Clínica Adventista Ana Stahl, que lleva su nombre. Es la prueba de que un servicio hecho con amor no muere con la persona. Sigue cuidando de la gente mucho tiempo después.

El libro y el legado que llegó hasta ti

En 1920, Fernando publicó el libro "In the Land of the Incas" (En la Tierra de los Incas), contando las historias que vivió en los Andes. El libro ayudó a mucha gente alrededor del mundo a conocer a aquellos pueblos y a interesarse por las misiones. Fue una manera de multiplicar el llamado: quien lo leía, sentía ganas de también decir "aquí estoy".

A los Stahl se los llama fundacionales para el adventismo sudamericano por una razón. Buena parte de la forma en que la Iglesia sirve en este continente, uniendo educación, salud y fe, tiene raíz en lo que aquella pareja plantó en Platería y en la selva. Tú, Conquistador brasileño, formas parte de ese mismo árbol.

Por eso su historia no es solo una lección del pasado. Es una invitación. No necesitas cruzar océanos ni subir montañas. Tu Titicaca puede ser el compañero aislado en la escuela. Tu Amazonía puede ser el albergue que tu Club visita. El llamado es el mismo. La respuesta también puede ser: heme aquí, envíame a mí.