Imagina a un adolescente que dejó los estudios formales siendo aún niño, vivía en una ciudad pequeña y, aun así, aprendió solo a leer en varios idiomas. Ese niño se llamaba John Nevins Andrews. Décadas después, se convertiría en el primer misionero oficial que la Iglesia Adventista envió fuera de los Estados Unidos.

La vida de Andrews no fue fácil. Estudió mucho, escribió libros que aún se citan hoy y enfrentó pérdidas duras: su esposa y una hija murieron antes que él. Aun así, cuando surgió el llamado para cruzar el océano, su respuesta recuerda la de Isaías: "aquí estoy, envíame a mí".

En este artículo vas a conocer quién fue este pionero, qué hizo y por qué su historia importa para tu Club hoy. No es solo sobre el pasado. Es sobre valentía, estudio y disposición para servir.

¿Quién fue John Nevins Andrews?

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John Nevins Andrews nació el 22 de julio de 1829, en la ciudad de Poland, en el estado de Maine, en los Estados Unidos. Vivió en la época en que el movimiento adventista apenas estaba comenzando, junto a nombres que quizás ya conozcas: Jaime White, Elena White y Joseph Bates.

Andrews fue muchas cosas al mismo tiempo: pastor, escritor, editor de revista y estudioso de la Biblia. Llegó a ser el tercer presidente de la Asociación General, el órgano que coordina la iglesia en todo el mundo. Pero el título que más marca su historia es otro: primer misionero oficial enviado al exterior.

Piénsalo así: antes de él, el mensaje adventista casi no había salido de los Estados Unidos. Andrews fue el primero que la iglesia eligió, capacitó y envió a propósito a otro continente. Él abrió la puerta que hoy lleva a la iglesia a más de 200 países.

Un niño del interior que se volvió erudito

Aquí está la parte que suele sorprender a los Conquistadores: Andrews no tuvo una escuela de lujo. Dejó el salón de clases siendo aún niño y aprendió casi todo por su cuenta. Libros prestados, mucha lectura y disciplina diaria fueron su escuela.

El resultado fue impresionante. Relatos históricos cuentan que llegó a leer en torno a siete idiomas y conocía de memoria gran parte del Nuevo Testamento, además de pasajes del Antiguo. Estudiaba las lenguas originales de la Biblia, el griego y el hebreo, para entender mejor lo que los textos realmente decían.

¿Qué lección trae esto para ti? Que el tamaño de tu ciudad, de tu escuela o de tu Club no decide el tamaño de lo que puedes aprender. Andrews muestra que el estudio es una elección, no suerte. Si quieres crecer en una Especialidad o en una Clase, el camino es el mismo que el de él: constancia. Un poco cada día vale más que mucho de vez en cuando.

¿Te gustó esa idea de afianzar tus estudios? Vale la pena conocer el camino de la Clase de Líder, que profundiza este tipo de preparación dentro del Club.

Pionero del sábado junto a los White y a Bates

Aún adolescente, alrededor de 1845, Andrews leyó un material que lo convenció de guardar el sábado, el séptimo día de la semana, como día de descanso y adoración. Aquella decisión cambió el rumbo de su vida. A partir de ahí, dedicó tiempo y talento al movimiento adventista.

Andrews caminó codo a codo con Joseph Bates, Jaime White y Elena White. Ese grupo ayudó a formar la base de lo que hoy es la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Andrews no era solo un seguidor: investigaba, escribía y defendía con argumentos aquello en lo que creía.

Guardar el sábado era, y sigue siendo, una marca central de la fe adventista. Si quieres entender mejor por qué los adventistas separan ese día, echa un vistazo a por qué guardamos el sábado. Es un tema que Andrews estudió a fondo, como verás a continuación.

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El libro sobre el sábado que aún se recuerda

El trabajo más famoso de Andrews es un libro llamado, en inglés, History of the Sabbath and First Day of the Week, es decir, "Historia del Sábado y del Primer Día de la Semana". En él, Andrews reúne siglos de historia para mostrar cómo el día de descanso fue entendido a lo largo del tiempo.

Ese libro fue publicado por primera vez en 1861 y, después, ganó una edición mucho mayor y revisada en 1873. Andrews no escribió de cualquier manera: investigó fuentes antiguas, comparó documentos y organizó todo con cuidado de estudioso. Por eso la obra sigue siendo citada.

Fíjate en el punto: Andrews unió fe y estudio serio. No separaba "creer" de "investigar". Para ti, en el Club, esto es una invitación. Cuando vayas a cumplir un requisito de Especialidad o a preparar una predicación, haz como él: busca la fuente, verifica, entiende. La fe verdadera no tiene miedo de las preguntas.

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"Aquí estoy": el llamado a Suiza en 1874

En 1874, la iglesia decidió enviar a alguien a Europa. La elección fue Andrews. El 15 de septiembre de aquel año, partió de Boston rumbo a Suiza, más precisamente a la ciudad de Neuchâtel. Fue el primer misionero adventista oficial enviado a otro país.

No fue solo. Llevó a dos de sus hijos, Charles y Mary, aún jóvenes. Y aquí viene un detalle hermoso: los hijos ayudaron de verdad. Traducían, revisaban e incluso componían los tipos de imprenta para producir una revista misionera en francés, Les Signes des Temps (Las Señales de los Tiempos).

La respuesta de Andrews al llamado hace eco de un versículo poderoso. En Isaías 6:8 (RVR) está escrito: "Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí." Andrews vivió esto en la práctica. Dijo que sí y cruzó el océano.

El precio de la misión: duelo y perseverancia

Ser pionero tuvo un costo alto. La esposa de Andrews, Angeline, murió cerca de dos años antes de que él embarcara hacia Europa. Es decir, fue al campo misionero cargando ya una pérdida enorme, cuidando de los hijos solo.

El dolor no se detuvo ahí. En Europa, su hija Mary contrajo tuberculosis, una enfermedad grave y común en aquel tiempo. Fue enviada de vuelta a los Estados Unidos para tratarse en el Sanatorio de Battle Creek, pero no resistió y murió aún joven, en 1878. Imagina la fuerza que fue necesaria para continuar el trabajo después de eso. Andrews no se rindió.

Él mismo enfermó de tuberculosis y murió el 21 de octubre de 1883, en la ciudad de Basilea, en Suiza, a los 54 años. Está sepultado allí, lejos de la tierra donde nació. La misión que él comenzó, sin embargo, siguió viva y creció. Perseverar en medio del dolor es uno de los mayores testimonios que dejó para ti.

El legado y lo que esto enseña a tu Club hoy

En 1960, una facultad adventista en los Estados Unidos, antes llamada Emmanuel Missionary College, cambió de nombre a Andrews University, en homenaje a este pionero. Hoy es una de las principales instituciones de enseñanza de la iglesia en el mundo. Su nombre recuerda a todos el valor de estudiar y de servir.

Pero el legado de Andrews no cabe solo en una universidad. Cabe en tu Club. Andrews unió tres cosas que todo Conquistador puede cultivar: estudio constante, fe firme y disposición para servir donde sea necesario. No necesitas cruzar el océano para vivir esto.

Servir empieza cerca. Una acción social en el barrio, ayudar a un Conquistador más nuevo, participar en un proyecto del Club. Si quieres dar el primer paso, mira ideas de servicio comunitario. El "aquí estoy" de Andrews puede ser también el tuyo, en la escala de tu barrio.