Un niño se cae de la tirolina en el campamento. Un Conquistador se desmaya en plena fila del desayuno. Un ciclista choca contra la acera justo frente al Club. En los primeros segundos, casi todo el mundo se paraliza o hace lo mismo: corre hacia la víctima e intenta auxiliar sin pensar. Ese impulso, por más generoso que sea, a veces crea una segunda víctima.

Los socorristas de todo el mundo siguen siempre el mismo orden, entrenado hasta volverse reflejo. No depende de que sepas tratar una fractura o una quemadura. Es la evaluación que viene antes de todo auxilio específico, y cabe en dos siglas: PAS y DR-ABC. Guardarlas es como tener un mapa en el bolsillo cuando el camino desaparece.

Este texto enseña a leer la escena y a la víctima en los minutos iniciales. Habla de concientización, y no sustituye un curso presencial de primeros auxilios ni la atención profesional. En cualquier emergencia real, el teléfono viene antes del vendaje: llama a tu número de emergencia local (en Brasil, 192 para el SAMU, 193 para los Bomberos).

PAS y DR-ABC: el mapa de los primeros minutos

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Toda emergencia empieza en el caos. Gente gritando, alguien en el suelo y la sensación de que todo necesita ocurrir al mismo tiempo. La calma nace de tener un orden listo en la cabeza, entrenado de antemano. Por eso existen dos siglas cortas, enseñadas en cualquier curso serio de auxilio.

PAS resume lo esencial en tres movimientos: Proteger la escena y a ti mismo, Avisar al servicio de emergencia y solo entonces Socorrer a la víctima. DR-ABC detalla el examen del cuerpo en la secuencia correcta: Peligro (Danger), Respuesta (Response), vías Aéreas (Airway), respiración (Breathing) y circulación (Circulation). Las dos encajan. PAS dice qué hacer con la situación, DR-ABC dice qué mirar en la persona.

El orden no es adorno. Existe porque cada paso depende del anterior. De nada sirve iniciar una reanimación impecable si el coche que atropelló a la víctima todavía viene en tu dirección. Primero la escena queda segura, después tocas a quien lo necesita. Guardar esa secuencia es lo que separa la ayuda que resuelve de la prisa que estorba.

Proteger la escena: el socorrista vivo es el único que socorre

Antes de dar un paso hacia la víctima, párate por dos segundos y mira alrededor. Fíjate en lo que puede lastimarte: tráfico, cables caídos, fuego, humo, agua profunda, un perro bravo, una rama a punto de ceder. La primera D de DR-ABC, de peligro, es justamente ese barrido rápido. Quien entra en una escena sin mirar se convierte en el próximo caso, y ahora la ambulancia tiene dos personas que atender.

En un campamento, los peligros suelen ser previsibles. Fogata encendida cerca de quien se cayó, un tramo de río con corriente, insectos en una víctima alérgica, el propio terreno empinado. Tu función es eliminar el riesgo o alejar a la víctima de él solo cuando no hay otra manera. Si la escena no puede quedar segura, retrocedes y llamas a quien tiene equipo para eso, como los Bomberos.

Proteger también significa cuidarte a ti. Si hay sangre, usa guantes, una bolsa plástica limpia, cualquier barrera entre tu piel y la de la víctima. Pide a alguien que señalice el tráfico con una linterna o una prenda de color. Esta etapa dura pocos segundos, y es la que garantiza que todavía haya alguien de pie para prestar el auxilio.

Evaluar la consciencia de la víctima

Con la escena segura, acércate y averigua si la persona está consciente. La prueba es simple y tiene nombre: estímulo verbal y táctil. Llega cerca del hombro, toca con firmeza (sin sacudir la cabeza ni el cuello) y habla alto: "¿Me estás oyendo? ¿Puedes abrir los ojos?". Un Conquistador que responde, gime o se mueve está consciente, y eso cambia todo lo que viene después.

Si la persona responde, estupendo. Puede proteger sus propias vías aéreas y tú tienes tiempo para conversar, entender qué pasó y observar. Pregunta el nombre, dónde le duele, si recuerda la caída. Mantenla abrigada y quieta mientras llega la ayuda. Nunca ofrezcas agua, comida o medicamento a quien sufrió un trauma o está somnoliento, porque puede causar atragantamiento.

Si no hay respuesta ninguna al llamado ni al toque, la víctima está inconsciente. Ese es el punto en que los minutos empiezan a valer mucho. Una persona desmayada no controla su propia lengua ni la respiración, y la prioridad inmediata pasa a ser activar la ayuda y comprobar si respira. Guarda la hora aproximada en que la encontraste, porque esa información ayuda al equipo de emergencia.

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Activar la ayuda: cómo delegar sin perder tiempo

Ante una víctima inconsciente, la siguiente acción es llamar al auxilio profesional. Y aquí vive un error clásico: gritar "¡que alguien llame a emergencias!" a la multitud. Cuando el pedido es para todos, nadie asume, porque cada uno piensa que el otro ya llamó. La solución es mirar a los ojos de una persona concreta y delegar en voz clara: "Tú, el de camiseta azul, llama a emergencias y vuelve a avisarme qué dijeron".

La llamada se atiende gratis, desde cualquier teléfono, sin saldo. En Brasil, el 192 es el SAMU, para emergencias clínicas como desmayos, dolores en el pecho, convulsiones y ahogamientos. El 193 atiende los Bomberos, indicado para accidentes, rescates en altura, incendios y ahogamientos también. En la duda entre los dos, llama a cualquiera: la central redirige. Quien atiende va a preguntar la dirección exacta, qué pasó y cuántas víctimas hay, así que habla con calma y no cuelgues antes de que el operador lo autorice.

Si estás solo con un adulto que no respira, llama primero y ponlo en altavoz, después empieza la reanimación. Con un niño o un bebé que no respira, la orientación cambia: presta cerca de dos minutos de auxilio antes de llamar, en caso de que no tengas a nadie a quien delegar. Aprender a activar y delegar con firmeza es la mitad del auxilio, y combina con lo que todo Consejero ya practica al organizar la Unidad.

Vías aéreas y respiración: el gesto que decide

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Llegamos al corazón de la evaluación primaria, la A y la B de DR-ABC. En una persona inconsciente acostada boca arriba, la lengua se relaja y puede cerrar el paso del aire. El gesto que corrige eso es la maniobra de inclinación de la cabeza con elevación del mentón: una de tus manos en la frente, inclinando levemente la cabeza hacia atrás, y dos dedos de la otra mano levantando el mentón. Eso abre las vías aéreas en la mayoría de los casos.

Con la vía abierta, comprueba la respiración usando la técnica de los socorristas, conocida como ver, oír y sentir. Acerca tu rostro a la boca de la víctima, mira hacia su pecho y cuenta durante unos diez segundos. ¿Ves el tórax subir y bajar, oyes el aire saliendo y sientes el soplo en tu mejilla? Respiraciones raras, ruidosas o en forma de suspiros aislados (el llamado boqueo o gasp) no cuentan como respiración normal.

El resultado de esos diez segundos define el próximo paso. Si la víctima respira normalmente, sigues a la posición lateral de seguridad. Si no respira, o solo da esos suspiros agónicos, el camino es iniciar la reanimación cardiopulmonar. Ninguno de esos dos caminos debe adivinarse en el susto: vienen después de que realmente mires, oigas y sientas.

Posición lateral de seguridad y cuándo NO mover

Imagina a la víctima inconsciente que respira bien, sin señal de trauma grave. La posición lateral de seguridad es tu aliada. La giras cuidadosamente de lado, con la cabeza levemente inclinada, para que la lengua no bloquee la garganta y cualquier vómito escurra hacia fuera en vez de ir al pulmón. Es la posición que mantiene respirando a quien se desmayó mientras no llega la ayuda.

Existe, sin embargo, un freno importante. Siempre que haya sospecha de lesión en la columna, en el cuello o en la cabeza (caída de altura, zambullida en agua poco profunda, accidente de moto, caída fuerte de la tirolina), mover a la víctima puede transformar una lesión en parálisis. En esos casos la regla es no mover. Mantén la cabeza alineada con el tronco, sujetándola con las dos manos, y espera al equipo con collarín cervical y tabla.

La excepción existe y es dura: solo mueves a alguien con sospecha de trauma de columna si la vida está en riesgo inmediato ahí, como fuego acercándose, riesgo de ahogamiento o la necesidad de reanimar. En ese caso, mueve el cuerpo en bloque, tratando de mantener cabeza, cuello y tronco en línea recta, de preferencia con más gente ayudando. Fuera de eso, quedarse quieto al lado de la víctima, protegiendo el cuello, es la actitud más valiente que existe.

Cuándo iniciar la RCP y por qué te detienes a ayudar

Si la comprobación de diez segundos mostró que la víctima no respira, el corazón probablemente se paró, y la reanimación cardiopulmonar necesita empezar ya. Son compresiones firmes y rápidas en el centro del pecho, empujando hondo y dejando que el tórax regrese, sin parar, hasta que llegue el auxilio o la persona reaccione. Cada minuto sin compresión reduce mucho la posibilidad de supervivencia, lo que hace de ese gesto el más urgente de todos. El paso a paso detallado de las compresiones lo encuentras en la guía de RCP, y lo ideal es practicarlo en un curso presencial con maniquí.

Fíjate cómo toda la secuencia te llevó hasta aquí de forma lógica. Proteger la escena evitó una segunda víctima. Evaluar la consciencia definió la gravedad. Activar a emergencias puso el reloj a tu favor. Abrir las vías y contar diez segundos reveló lo que los ojos solos no ven. Cada etapa preparó la siguiente, y por eso los socorristas confían más en el orden que en la suerte.

Hay un motivo más profundo para que un Conquistador aprenda todo esto. Cuando Jesús contó la historia del buen samaritano, el héroe de la historia fue justamente quien se detuvo a ayudar. "Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia" (Lucas 10.33, RVR1960). Proverbios 24.11 es aún más directo: "Libra a los que son llevados a la muerte" (RVR1960). Y Santiago cierra sin rodeos: "al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado" (Santiago 4.17, RVR1960). Aprender a socorrer es una forma concreta de amar al prójimo, y el Club es un buen lugar para empezar ese entrenamiento.