Todo estaba tranquilo junto a la fogata cuando un Conquistador empieza a sacudir la cabeza, desesperado, con un zumbido dentro del oído. O una niña de la Unidad menor aparece riendo, y solo después te das cuenta de la cuenta metida en la fosa nasal. Un cuerpo extraño en el oído y la nariz es uno de los auxilios más frecuentes en el club, y casi siempre el pánico hace más daño que el propio objeto.

La buena noticia es que en la mayoría de los casos la situación es controlable y no acaba en tragedia. El problema aparece cuando alguien, con la mejor de las intenciones, agarra un bastoncillo, una pinza o una horquilla e intenta resolverlo a la fuerza. Ahí lo que era simple se empuja hacia el fondo, lastima, sangra. Esta guía muestra el gesto correcto para cada situación, lo que jamás debes hacer con tus propias manos, y la señal de alarma que convierte un problemita en una carrera a urgencias.

Conviene aclararlo desde ya: este texto es de concienciación para líderes, padres y Conquistadores. No sustituye un curso de primeros auxilios ni la atención médica. Ante cualquier duda seria, el número es tu número de emergencia local (en Brasil, el SAMU 192).

El insecto en el oído: por qué causa tanto desespero

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El oído es un lugar extraño para un bicho. El canal auditivo es corto, termina en el tímpano, y cualquier cosa que se mueva ahí dentro produce un ruido amplificado, fuerte y aterrador. Cuando entra un insecto vivo, este bate las alas, camina, intenta salir, y la persona lo siente como un trueno dentro de la cabeza. Es común que el Conquistador llore, se agite y quiera meterse el dedo en el oído al instante.

El primer trabajo del Consejero es calmar. Sujeta el hombro del joven, habla en voz baja, pídele que deje de sacudir la cabeza. Cuanta más agitación, más se debate el insecto y más incomodidad genera. Lleva a la persona a un rincón más oscuro y acerca una linterna a la oreja, sin tocarla: muchas veces el insecto camina hacia la luz y sale solo por la abertura.

Si no sale, existe un paso seguro que cualquier líder puede hacer, y de eso trata el próximo apartado. Lo que nadie puede hacer es intentar pescar el bicho con pinza, horquilla o bastoncillo. En la oscuridad del canal no ves bien, empujas el insecto hacia el fondo y corres el riesgo de arañar la piel o perforar el tímpano.

Insecto vivo: la técnica del aceite, paso a paso

Cuando hay certeza de que es un insecto vivo, y la persona no tiene antecedentes de perforación del tímpano ni cirugía reciente en el oído, existe un gesto reconocido por la literatura médica: verter un líquido tibio para inmovilizar al bicho. El aceite mineral es el más indicado, pero agua tibia limpia también sirve. El insecto deja de debatirse, y tú ganas tiempo y calma.

Recuesta a la persona con el oído afectado hacia arriba. Vierte unas gotas de aceite mineral a temperatura tibia, nunca caliente. El líquido llena el canal, el insecto flota y deja de moverse. Espera un minuto. Después, inclina despacio la cabeza hacia el lado contrario, con el oído hacia abajo, para que el aceite escurra y arrastre al insecto sobre una toalla o pañuelo.

Un detalle que no se puede saltar: esta técnica solo vale para insecto vivo. Si el cuerpo extraño es una semilla, un frijol o un grano, el aceite y el agua están prohibidos, porque la humedad hincha el grano y este se atasca del todo. E incluso con el insecto inmovilizado, lo correcto es buscar atención otorrinolaringológica después, para confirmar que nada quedó atrás y que el tímpano está intacto.

Objeto sólido en el oído: manos fuera

Cuentas, un trocito de goma de sacapuntas, la punta de un lápiz, abalorios de una pulsera hecha en la clase de manualidades. Los sólidos pequeños entran en el oído con facilidad, sobre todo entre los más pequeños. Aquí la regla es corta y vale oro: si no es insecto vivo, no intentes sacarlo. Punto.

El motivo es físico. Todo objeto que empujas sin ver tiende a ir más al fondo, y el fondo del canal es el tímpano, una membrana finísima. El bastoncillo es entonces el peor de todos, porque fue hecho justamente para deslizarse canal adentro. Una pinza casera araña la piel, causa sangrado y convierte una extracción simple de consultorio en un procedimiento complicado.

Lo que el líder hace es lo básico bien hecho: mantén a la persona calmada, indícale que no se hurgue, y llévala a urgencias o a un otorrino. Con el instrumento correcto y buena iluminación, el médico retira el objeto en minutos. Mientras tanto, puedes pedirle a la persona que incline la cabeza con el oído hacia abajo y dé leves golpecitos, lo que a veces ayuda a que un objeto suelto caiga por la gravedad. Nada de introducir ninguna cosa.

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Cuerpo extraño en la nariz y el "beso de la madre"

En la nariz, los campeones son las semillas, las cuentas de collar, los trocitos de espuma y el papel arrugado. El niño lo mete por curiosidad, muchas veces ni lo cuenta, y la primera señal aparece días después. Cuando el objeto todavía está reciente y visible en una fosa nasal, existe una técnica casera estudiada y segura, apodada el "beso de la madre".

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Funciona así: un adulto tapa la fosa nasal que está libre, presionando con el dedo. Luego acerca la boca a la boca del niño, como en un beso, y da un soplo firme y corto. El aire no tiene por dónde salir salvo por la fosa bloqueada por el objeto, y esa presión suele expulsar el cuerpo extraño hacia afuera. Explícale antes lo que va a pasar para que el niño no se asuste. Una versión parecida sirve para quien ya sabe sonarse solo: tapa una fosa y suénate la otra con fuerza, una a la vez, nunca las dos juntas.

Si el soplo no resuelve en el primer o segundo intento, para. Lo que no se hace de ninguna manera es meter pinza, bastoncillo u horquilla en la fosa nasal para "pescar" el objeto. En la nariz, eso empuja el cuerpo extraño hacia atrás, en dirección a la garganta, y crea el riesgo de que sea aspirado hacia la vía respiratoria. Ahí la situación empeora de verdad. Si no lo lograste con el soplo, lleva a la persona a urgencias.

Pila de botón: la emergencia que no espera

Existe un cuerpo extraño que cambia todas las reglas de este artículo: la pila de botón, esa batería redonda y plateada de reloj, control remoto, juguete y tarjeta musical. En el oído o la nariz, deja de ser un cuerpo extraño común y se convierte en una emergencia médica de verdad, con el reloj corriendo.

El motivo es químico. La humedad de la mucosa cierra un pequeño circuito eléctrico con la batería, y esa corriente genera una sustancia alcalina que quema el tejido por dentro. Estudios con pilas de botón muestran que la lesión puede perforar el tejido en pocas horas. No hay aceite, soplo ni paciencia que lo resuelva: cuanto más tiempo permanece la pila ahí, más profunda y más grave es la quemadura, que puede destruir el tabique de la nariz o el canal del oído.

Si sospechas que el objeto es una pila de botón, o si no tienes certeza pero la forma coincide, la conducta es una sola: urgencias de inmediato, sin esperar a ver en qué acaba. Dile al personal de recepción que se trata de una posible pila de botón, porque eso pone el caso al frente de la fila. La prudencia aquí lo es todo, como recuerda Proverbios 22:3: "El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias" (RVR). Ver el peligro a tiempo y actuar rápido es lo que evita el daño.

Cuándo dejar de intentar y buscar al médico

No todo caso se convierte en emergencia, pero algunas señales dicen, sin margen de duda, que llegó la hora de actuar profesionalmente. Guarda esta lista mentalmente para no dudar en medio del campamento.

Busca atención médica cuando haya dolor fuerte y persistente, sangrado por el oído o la nariz, o secreción con mal olor (el olor fétido suele indicar un objeto olvidado desde hace días, pudriéndose ahí dentro). También es señal de alerta la pérdida o reducción de la audición del lado afectado, el mareo, o cuando la persona relata que ya no logra sentir el objeto pero la molestia continúa. Y cualquier sospecha de pila de botón excusa la lista: hay que ir en el acto.

Un principio cierra el asunto: en la duda entre intentar de nuevo en casa o llevar al médico, lleva al médico. El consultorio resuelve en minutos lo que un intento equivocado convierte en semanas de complicación. Vale la pena tener en el club un botiquín de primeros auxilios y al menos un Consejero con curso actualizado, porque la diferencia entre el susto y el daño casi siempre está en la calma de quien supo qué hacer.