El 12 de octubre muchos niños abren un regalo nuevo en casa. Otros tantos pasan la fecha sin nada en las manos. La Campaña del Juguete existe justamente para acortar esa distancia: el Club junta juguetes que están guardados en casa, recupera lo que se puede recuperar, compra algunos nuevos y entrega todo en una fiesta organizada para niños que difícilmente recibirían un regalo ese día.

La acción va mucho más allá de dejar una bolsa en la puerta. Es una operación completa que los Conquistadores conducen casi de principio a fin: recolección, selección, higienización, reparación, seguridad, registro de quienes serán atendidos y la fiesta en sí, con recreación, comida y una historia bíblica. Da trabajo, y es exactamente por eso que enseña tanto.

Si lideras una Unidad o diriges un Club, esta guía muestra cómo planear la acción sin improvisar, desde el primer anuncio en el culto hasta que el último niño salga sonriendo con el juguete bajo el brazo.

Por qué el juguete, y por qué esta fecha

Publicidadvista previa

El Día del Niño en Brasil cae el 12 de octubre. La fecha fue oficializada por decreto ya en 1924, durante el gobierno de Artur Bernardes, y ganó fuerza a partir de los años 1960, cuando los fabricantes de juguetes empezaron a usarla en grandes campañas comerciales. En el imaginario del niño brasileño, esta fecha y el juguete andan juntos desde hace décadas.

Ahí es donde el Club entra con un gesto que habla el idioma de la infancia. La solidaridad se explica con bellas palabras, pero un niño de cinco años entiende de verdad es un cochecito en su mano. El juguete comunica algo directo: alguien pensó en mí, alguien quiso verme feliz hoy.

La Campaña del Juguete tiene un foco propio dentro del calendario de acciones del Club. La campaña del abrigo calienta en el invierno, la recolección de alimentos mata el hambre, la Navidad solidaria celebra el nacimiento de Jesús. Aquí el objetivo es la alegría de jugar, el derecho de un niño a ser niño incluso cuando la familia no tiene cómo comprar un regalo.

Guardar esa claridad ayuda a la hora de pedir. Cuando anuncias la acción en la iglesia o en el grupo de padres, deja explícito que se trata de juguetes, para el Día del Niño, para niños y niñas específicos que el Club va a visitar. Un pedido concreto rinde una donación concreta.

La recolección: nuevos, usados y cómo pedir

Empieza la campaña unas cuatro semanas antes del 12 de octubre. Menos que eso y te quedas sin tiempo para seleccionar y reparar. Más que eso y la gente se olvida. Una ventana de tres a cuatro semanas suele ser el punto justo.

Trabaja con dos frentes al mismo tiempo. La primera es el juguete usado en buen estado: ese que los propios conquistadores, los hermanos de la iglesia y el vecindario tienen guardado en casa. La segunda es el juguete nuevo, comprado con una colecta de la Unidad, con una parte de la caja del Club o por padrinos que prefieren donar dinero en vez de rebuscar en casa. Los nuevos son útiles especialmente para bebés y para regalar a los niños más tímidos, que se avergüenzan con un juguete visiblemente usado.

Arma puntos de recolección visibles: una caja grande y bien identificada en la entrada de la iglesia, otra en la sala del Club, y coordina un horario para recibir donaciones más grandes. Cuando se pueda, acepta también material para la fiesta, como palomitas, paquetes de golosinas e ítems de decoración.

Deja instrucciones cortas en el cartel de recolección. Pide juguetes limpios, enteros y con todas las piezas. Eso reduce mucho el volumen de cosas rotas que llegan y ahorra trabajo en la selección. Una línea lo resuelve: "Dona el juguete que le darías de buena gana a tu propio sobrino".

Selección, higienización y reparación

Reserva al menos un sábado por la tarde o dos encuentros de semana para esta etapa. Es el corazón invisible de la campaña, y donde los adolescentes aprenden que servir también es arremangarse.

Organiza una línea de producción sencilla. Separa mesas por función: recepción, limpieza, reparación y empaque. Cada conquistador asume una estación y el juguete camina de una mesa a otra. Queda más rápido y nadie se pierde.

En la higienización, los plásticos lavables van a agua con jabón neutro y secan bien antes de guardarlos. Los juguetes de tela, cuando lo permiten, pasan por la lavadora o por lavado a mano y secan completamente para que no se enmohezcan. Las piezas electrónicas se limpian con un paño ligeramente húmedo, nunca sumergidas, y se cambian las pilas viejas por nuevas. Los peluches muy sucios, sin arreglo, salen de la lista sin pena.

En la reparación, lo que se puede salvar se salva: pegar una calcomanía despegada, apretar un tornillo, sustituir una ruedita, completar un rompecabezas que perdió pocas piezas. Lo que está agrietado, con punta cortante, con cable expuesto o con resorte a la vista va a la basura. Un juguete a medias en manos de un niño necesitado manda el mensaje equivocado, el de que merecía solo las sobras. La regla es simple: entrega algo bueno o no lo entregues.

Lee tambiénOlla solidaria: cómo el Club prepara y distribuye comidas

Seguridad: la parte que no puedes saltar

Aquí no hay margen para relajarse. Un juguete entregado con una pieza suelta puede convertirse en un caso de asfixia en un niño pequeño. Trata la seguridad como la regla número uno de la campaña, por encima de la prisa y del volumen.

La regla de oro para menores de 3 años es clara: nada de piezas pequeñas que quepan enteras en la boca. Eso incluye pelotitas, ojos de plástico de peluche mal cosidos, piezas de armar diminutas y cualquier parte que se suelte con un tirón. En Brasil, todo juguete nuevo necesita tener el sello de certificación del Inmetro, que acredita pruebas de seguridad, incluido el riesgo de piezas pequeñas para menores de tres años. Al comprar los nuevos, revisa ese sello en el empaque y respeta la franja de edad impresa.

Haz la selección de seguridad separando por edad. Una tabla simple ayuda al equipo a no equivocarse a la hora de la entrega:

Franja de edadPuedeCuidado redoblado
0 a 3 añosJuguetes grandes, blandos, sin piezas desmontablesNada de piezas pequeñas, cordón largo, imán, pila accesible u ojo mal cosido
3 a 6 añosEncajes medianos, muñecos, cochecitos, pinturas atóxicasRevisa puntas, esquinas cortantes y piezas que se sueltan con facilidad
7 años o másJuegos, rompecabezas, pelota, kits de armarVerifica que esté completo y sin piezas agrietadas u oxidadas

Ante la duda sobre una pieza pequeña, usa la vieja prueba del rollo de papel higiénico: si el ítem pasa entero por dentro del tubo, es demasiado pequeño para un niño menor de 3 años. Separa esos juguetes para las franjas mayores y sigue adelante con tranquilidad.

Montar la fiesta: recreación, comida e historia

Publicidadvista previa

Con los juguetes listos y seleccionados, la fiesta es la cosecha de todo. Suele durar de dos a tres horas y pide un cronograma claro de estaciones, cada una con conquistadores responsables y al menos un adulto cerca.

Distribuye las atracciones por el espacio para que los niños circulen. La recreación con juegos cantados y competencias ligeras sostiene la energía de la chiquillada. Las palomitas y el algodón de azúcar se convierten en fila alegre, así que organiza con turnos o por grupos para que no se vuelva un empujón. La pintura facial encanta a los pequeños, y aquí conviene un cuidado: usa pintura apta para la piel, pruébala antes y pregunta a los responsables sobre alergias.

La narración de una historia bíblica le da alma al encuentro. Elige algo visual y corto, como Jesús recibiendo a los niños, y cuéntalo con títere, mandil de fieltro o teatro de los propios conquistadores. La meta es simple: que cada niño salga sabiendo que es amado por Dios y por esas personas que vinieron hasta él.

La entrega del juguete cierra la fiesta y merece esmero. Llama a cada niño por su nombre, entrégalo en su mano, mirándolo a los ojos. Si registraste las edades antes, logras dar el regalo correcto para cada franja, evitando el cochecito para la niña que quería la muñeca o la pieza de encaje fina para el bebé. Un detalle que transforma la donación en cuidado.

Logística, voluntarios y alianza con la asistencia social

Una buena acción social vive o muere en la organización de bastidores. Antes de cualquier fiesta, define dónde va a ocurrir y para quién. Guardería, albergue, centro de asistencia social, asociación de barrio o una comunidad necesitada indicada por alguien de confianza son los destinos más comunes.

Evita elegir el lugar solo y nunca aparezcas de sorpresa. Busca el centro de referencia de asistencia social del barrio o la secretaría de asistencia social del municipio. Ellos conocen a las familias, saben cuántos niños esperar, orientan sobre la autorización de los responsables y evitan que el Club atienda al público equivocado o repita lo que otra entidad ya hizo. Ese puente protege a los niños y le da seriedad a la acción.

Haz el registro de los niños atendidos con anticipación, siempre con la institución aliada. Anota nombre, edad y alguna observación relevante, como una restricción alimentaria para la hora del algodón de azúcar. Ese registro define cuántos juguetes preparar, de qué franjas de edad, y garantiza que nadie quede fuera ni sobre un montón de regalos de una edad que no vino.

Arma el cronograma de voluntarios por escrito, con nombre, función y horario. Distribuye los papeles: quién recibe a los niños, quién se encarga de las palomitas, quién hace la recreación, quién queda en la entrega de los juguetes, quién registra las fotos con autorización. Coordina además el kit básico de primeros auxilios en el lugar y el número de tu servicio de emergencia local anotado (en Brasil, el SAMU 192), porque con niños corriendo, un rasguño o un malestar siempre puede ocurrir. Eso vale como precaución, y no dispensa la atención profesional en una emergencia.

El sentido detrás de los juguetes

Toda esa correría carga un propósito que va más allá de la tarde de fiesta. Cuando Jesús fue rodeado por niños y los discípulos intentaron apartarlos, su respuesta fue directa: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos" (Mateo 19:14, RVR1960). El Club que recibe al niño pobre con un juguete en la mano está haciendo, en lo pequeño, exactamente lo que el Maestro pidió.

La Biblia amarra fe y cuidado práctico en un solo nudo. Santiago lo define así: "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo" (Santiago 1:27, RVR1960). El niño sin recursos, muchas veces en un albergue, es el retrato exacto de ese llamado. Servirle es adoración con las manos sucias de pintura facial.

Hay también una semilla que se planta en los propios conquistadores. "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él" (Proverbios 22:6, RVR1960). El adolescente que pasó el sábado lavando juguetes, ensayando la historia y entregando regalos con una sonrisa está aprendiendo, en la práctica, lo que es una vida volcada hacia los demás. Esa lección queda.

Si el servicio comunitario mueve a tu Club, vale la pena conocer también la página de servicio comunitario, que ayuda a transformar acciones puntuales como esta en un hábito durante todo el año. La Campaña del Juguete es un buen comienzo. Lo mejor de ella es lo que queda después: niños que se sintieron recordados y conquistadores que descubrieron la alegría de dar.