En 1961, en el Instituto Adventista del Uruguay, en la ciudad de Progreso (departamento de Canelones), nació el primer Club de Conquistadores del país. Fue el inicio de una historia que creció junto con la juventud adventista uruguaya y que tiene una curiosidad especial: por muchos años, la sede de la Iglesia Adventista para toda Sudamérica estuvo justo ahí, en Montevideo.
Antes de Uruguay: el origen del movimiento 1946-1955
Para entender la historia uruguaya, vale la pena dar un paso atrás. El Club de Conquistadores nació en Estados Unidos. En 1946, el pastor John Hancock, entonces director de jóvenes en la Conferencia del Sureste de California, ayudó a organizar un club en la ciudad de Riverside — fue él también quien diseñó el famoso triángulo del emblema.
El programa creció rápido y, en 1950, la Asociación General de la Iglesia Adventista oficializó el club a nivel mundial. Cinco años después, el 4 de abril de 1955, surgió el primer club de Sudamérica, en la Iglesia de Miraflores, en Lima, Perú.
Fue en ese clima de entusiasmo que la idea llegó a Uruguay. El país no inventó el movimiento, pero lo recibió temprano — pocos años después del club pionero peruano.
1961: el primer club uruguayo 1961
El primer Club de Conquistadores de Uruguay fue fundado en 1961, en la iglesia del Instituto Adventista del Uruguay (IAU), en la ciudad de Progreso, departamento de Canelones. Quien lideró la fundación fue el pastor John Youngberg, una figura muy ligada a la expansión de los Conquistadores en Sudamérica.
Los primeros líderes del club fueron Alda de Geisse (profesora de la escuela del IAU), María Ester de Lutz, Bartolo Marcos y Eduardo Gordienko. Eran personas de la propia comunidad escolar, lo que ayudó al club a afirmarse entre los estudiantes.
Con el tiempo, el club del IAU pasó a llamarse Maranatha, nombre que conserva hasta hoy. Es un detalle hermoso: el primer club del país sigue vivo, en la misma institución donde todo comenzó.
Los primeros encuentros y el crecimiento 1961-1964
Un club solo está bien, pero lo que hace crecer la llama es el encuentro con otros. Alrededor de 1964, ocurrió lo que las fuentes señalan como el primer Campori uruguayo, en Montevideo, en el parque La Republicana.
En ese encuentro estaban otros clubes que también daban sus primeros pasos, como el Las Acacias y el Central, ambos de Montevideo. Era la señal de que el movimiento ya no era un caso aislado de una sola escuela — se estaba convirtiendo en una red.
Es importante ser honestos: los registros históricos de este período inicial son escasos, y algunas fechas (como la del primer Campori) aparecen como aproximadas. Por eso usamos expresiones como "alrededor de" siempre que la fuente no aporta una fecha exacta.
Montevideo, la sede y el manual que ayudó a todo a crecer
Aquí entra un detalle que pocos conocen. Durante muchos años, la sede de la División Sudamericana de la Iglesia Adventista — la oficina que coordina la obra en todo el continente — estuvo en Montevideo, capital de Uruguay. La División fue creada en 1916 y, tras un período en Argentina, pasó a funcionar desde Uruguay, donde permaneció hasta la mudanza a Brasilia, en Brasil, alrededor de 1980.
Fue justamente de esa sede uruguaya que vino un empujón decisivo. A fines de la década de 1950, el pastor Jairo Tavares de Araújo, líder de la juventud adventista de la División Sudamericana, preparó un pequeño manual que enseñaba cómo organizar un Club de Conquistadores.
Ese material sencillo ayudó a difundir la idea por varios países de Sudamérica — incluido el propio Uruguay. Es decir: el país no fue solo escenario del primer club; fue también el lugar de donde partieron orientaciones que bendijeron a toda la región.
"A fines de la década del 50, el pastor Jairo Tavares de Araújo, líder de la juventud adventista de la División Sudamericana, con sede todavía en Uruguay, preparó un pequeño manual sobre cómo organizar un Club de Conquistadores."Portal oficial de los Conquistadores — adventistas.org
Lo que esta historia nos enseña
La historia de los Conquistadores en Uruguay muestra que las cosas grandes pueden empezar pequeñas: un club, en una escuela, en una ciudad de nombre Progreso. Cuatro líderes, algunos jóvenes y muchas ganas de servir.
Para un conquistador de hoy, queda el recuerdo de que cada pañuelo y cada distintivo tienen raíces. Cuando participas de un Campori, estás continuando algo que comenzó allá en 1961, con personas que tal vez nunca imaginaron el tamaño de lo que estaban plantando.
Y para padres y líderes, es una invitación: el movimiento siempre creció cuando alguien decidió organizar, enseñar y acompañar de cerca. Así fue en Uruguay. Puede ser así en tu club también.